Un sismo de magnitud 5,2 alteró la madrugada de este sábado en la provincia española de Granada y expuso, una vez más, la vulnerabilidad de zonas urbanas ante movimientos de esta intensidad. El epicentro se ubicó en las inmediaciones de Otura, a pocos kilómetros de Granada capital, y la profundidad estimada rondó los 10 kilómetros, según los primeros registros del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El fenómeno fue detectado también por el Instituto Geográfico Nacional (IGN), que confirmó su alcance en una extensa franja del área metropolitana. Más allá del impacto material, hasta el momento no se informaron víctimas fatales, un dato que atenúa el saldo del episodio pero no reduce la preocupación por las consecuencias estructurales que dejó a su paso.
Entre los daños registrados se mencionan desprendimientos de mampostería, afectación de fachadas y partes de tejados. En Armilla se reportaron inconvenientes derivados del movimiento, al igual que en otros puntos del entorno metropolitano y localidades cercanas. Las imágenes difundidas por vecinos en redes sociales mostraron vehículos alcanzados por materiales caídos y objetos moviéndose con violencia durante la sacudida.
El alcance del temblor fue significativo: se sintió en 191 municipios de la provincia de Granada y en unas 66 localidades de Málaga. Entre los lugares desde donde llegaron testimonios figuran Motril y Almuñécar, además de otras poblaciones próximas. La magnitud y la duración del movimiento explican el clima de inquietud que se extendió entre los habitantes, en especial entre quienes fueron sorprendidos mientras dormían.
Muchas personas optaron por salir de sus viviendas y permanecer un tiempo en la vía pública ante el temor de nuevas sacudidas. Esa reacción refleja el peso que todavía tienen este tipo de episodios en la percepción de seguridad cotidiana, sobre todo cuando ocurren de madrugada y en zonas densamente pobladas.
El sismo de 5,2 no fue un hecho aislado. De acuerdo con los registros del IGN, se trató del quinto movimiento sísmico detectado en Granada durante las 24 horas previas. Horas antes se había producido otro temblor, de magnitud 3,7, con epicentro en La Zubia, que también fue percibido en Granada capital y en distintas localidades del área metropolitana. La sucesión de eventos reforzó la preocupación vecinal y mantuvo la atención puesta en eventuales réplicas.
Uno de los registros que más repercusión tuvo en redes sociales fue el de Francisco de Borja, conocido como Sasel, quien transmitía en vivo cuando comenzó el movimiento. Durante el directo se escucharon objetos cayendo dentro de su vivienda y el streamer advirtió que se estaba produciendo un terremoto. Luego preguntó por el estado de sus familiares, en medio de la tensión que generó la sacudida.
El episodio en España ocurrió pocas horas después de otro terremoto de mayor magnitud en Indonesia. En la isla de Flores, el sismo alcanzó 7,7 según datos iniciales del USGS, con epicentro a unos 68 kilómetros al norte de Ende y una profundidad cercana a los 10 kilómetros. Ese fenómeno provocó daños materiales, varias réplicas y la activación de una alerta de tsunami por parte de las autoridades indonesias, que recomendaron a los habitantes de las zonas costeras trasladarse a sectores elevados.
La Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia (BMKG) estimó la posibilidad de olas de hasta 0,94 metros en la zona de Ende, mientras los organismos de emergencia mantuvieron bajo vigilancia los mareógrafos. En ese contexto, la jornada dejó dos escenarios distintos pero conectados por la misma advertencia: la necesidad de sostener protocolos de prevención y respuesta frente a fenómenos sísmicos de impacto inmediato.




