Son jubilados y cruzaron la cordillera en una moto 110 cc para ver a sus nietos en Chile
Pedro y Yoli, ambos de 68 años, recorrieron más de 600 kilómetros en una moto 110cc para reencontrarse con su familia en Chile.
Lo que empezó como una promesa pendiente terminó convirtiéndose en una historia tan increíble como emotiva. Pedro Guzmán y su esposa Yoli Bustamante, ambos de 68 años y con casi 48 años de matrimonio, decidieron emprender una aventura poco común: cruzar la cordillera en una moto 110cc para reencontrarse con sus nietos en Chile.
El viaje no fue improvisado, pero sí cargado de emoción. La pareja partió el 11 de abril al mediodía y, tras dos días de recorrido con paradas para descansar, logró llegar a destino el lunes por la noche, luego de atravesar el imponente Paso Internacional Cristo Redentor .
Pedro no oculta la felicidad que le dejó la experiencia. Describe el viaje como una "locura total", pero también como un sueño cumplido. La emoción fue tan grande que, al llegar a la aduana, no pudo contener las lágrimas. No era para menos: habían logrado cruzar la cordillera en una pequeña moto, cargados de bolsos y con lo justo para el camino.
El motivo del viaje fue claro: la familia. En Chile vive uno de sus hijos junto a sus cinco nietos —Sol, Agustín, Williams, Liam y Dylan, a quienes Pedro no había podido visitar en varios cumpleaños. Esta vez, la deuda quedó saldada.
Durante el recorrido, la pareja atravesó distintos puntos de San Juan y Mendoza, como Media Agua, San Carlos, Jocolí y Uspallata, hasta llegar a Santiago de Chile. El viaje fue tranquilo, sin inconvenientes mecánicos, algo que incluso sorprendió a quienes los cruzaban en el camino.
Según contó Pedro, en la aduana chilena no podían creer que la moto fuera de 110cc. Muchos pensaban que era de mayor cilindrada por la distancia recorrida y las condiciones del viaje. Sin embargo, el vehículo respondió sin problemas durante toda la travesía.
Uno de los tramos más desafiantes fue el de los caracoles en la cordillera, tanto en la subida como en la bajada. Aun así, la pareja lo vivió como parte de la aventura, con una mezcla de adrenalina, emoción y asombro por los paisajes.
Lejos de grandes preparativos técnicos, el viaje fue sencillo: cargaron algunas mochilas, bolsos y un bidón de nafta. No llevaron repuestos ni herramientas, y aun así completaron el recorrido sin inconvenientes.
El costo del traslado también fue mínimo. Pedro estima que gastaron menos de 50 mil pesos en combustible, gracias al bajo consumo de la moto.
Hoy, ya de regreso, lo que queda es la satisfacción de haber cumplido un sueño juntos. Y lejos de darlo por terminado, Pedro no descarta repetir la experiencia en el futuro.