Plazas y Av. Central: Refugios diseñados tras el terremoto que destruyó San Juan en 1944
El terremoto de 1944 devastó San Juan, dejando un millar de muertos y miles de heridos. La reconstrucción de la ciudad no fue fortuita, sino que incluyó plazas, avenidas amplias y corredores como espacios de protección para futuros desastres.
Este jueves 15 de enero se cumplen 82 años del terremoto que sacudió San Juan, causando la muerte de 1.000 personas y dejando más de 12.000 heridos. La ciudad quedó completamente destruida y debió ser reconstruida desde sus cimientos.
La planificación urbana posterior fue meticulosa y pensada para resistir futuros movimientos telúricos. Así lo reflejan las plazas, avenidas anchas y corredores de escape que hoy forman parte del paisaje de San Juan. En un informe realizado por TELESOL, junto a los historiadores Carlos Moreno y Gabriel Flores, se recorrieron los lugares emblemáticos que fueron clave aquella noche fatídica.
Moreno recordó que "la gente se encontraba en la plaza porque los comercios cerraban temprano; los bares y confiterías estaban abiertos debido al intenso calor". Durante el sismo, "las campanas de las torres cayeron en la Plaza 25 e incluso estatuas y cornisas de mampostería colapsaron, causando graves daños". El corte de luz contribuyó a evitar una tragedia aún mayor.
El sismo tuvo una magnitud de 7° y epicentro en La Laja, Albardón. En ese entonces, San Juan no estaba preparada para un desastre de esta magnitud. Con los años, la reconstrucción culminó en 1970 con la inauguración de la catedral actual, proyecto que permitió también la creación de numerosos espacios verdes.
Flores explicó que durante el terremoto la Plaza 25 fue utilizada como hospital de emergencia. "Muchos edificios a su alrededor colapsaron debido a la mampostería pesada, afectando a quienes estaban allí". La ausencia previa de plazas y pulmones verdes llevó a planificar corredores de escape, como la Avenida Central, que conecta la Plaza 25 con el Hospital Rawson, sirviendo hoy como ruta de protección ante catástrofes.
Moreno agregó que este plan urbanístico incluyó la creación de plazas como Laprida, Aberastain y Hipólito Yrigoyen. "Es importante recordar que muchas de estas zonas eran residenciales o rurales antes del terremoto", destacó. Flores sumó que "el objetivo era sumar espacios abiertos para que la población pueda refugiarse en caso de nuevos eventos sísmicos".
La icónica Plaza La Joroba, con su distintiva montaña, se construyó utilizando los escombros del casco urbano destruido, simbolizando la transformación y recuperación de la ciudad.
En un testimonio emotivo, Isabel Molina, sobreviviente del terremoto, recordó: "Tenía 6 años y viví el temblor con miedo. La casa de enfrente tenía cornisas y adobes que cayeron en la vereda donde jugaba. Fue una experiencia inolvidable que aún me marca profundamente".