El Acueducto Nacional, la gran obra hídrica que transforma el desierto israelí
Israel construyó una red hídrica de más de 130 kilómetros que conecta el norte húmedo con el sur árido, integrando canales, tuberías y embalses para gestionar eficientemente el agua en un territorio semiárido.
Israel no creó un río natural en el desierto, sino una compleja infraestructura hídrica nacional capaz de transportar agua a lo largo de un territorio con escasez hídrica, lluvias irregulares y desafíos climáticos.
Este sistema conecta el norte húmedo con las regiones áridas del sur, incorporando fuentes naturales y agua desalinizada del Mediterráneo. Más allá de parecer un simple río, la red combina canales abiertos, tuberías presurizadas, túneles subterráneos, estaciones de bombeo y embalses en puntos estratégicos.
El núcleo del sistema es el Acueducto Nacional de Israel, una estructura de aproximadamente 130 kilómetros diseñada para transportar grandes volúmenes de agua desde el norte hacia zonas con déficit hídrico, como la región del desierto del Néguev. Este acueducto no es un cauce natural, sino una sofisticada infraestructura que incluye tramos abiertos, enterrados y presurizados, adaptándose al terreno.
Un ejemplo emblemático es el Canal del Valle de Beit Netofa, de unos 17 kilómetros, cuya forma ovalada refleja las características geológicas de la zona y desde el aire se ve como una corriente continua entre áreas áridas y agrícolas.
Este proyecto, iniciado en la década de 1950, fue la respuesta a tres desafíos: la irregularidad de las lluvias, la presión sobre ríos y acuíferos, y el crecimiento poblacional y agrícola. En sus inicios, el agua se destinaba principalmente al riego; con el tiempo, el consumo urbano ganó relevancia.
La red permitió sostener actividades agrícolas en regiones climáticamente desfavorables, apoyadas por técnicas eficientes como el riego por goteo, que minimiza pérdidas por evaporación e infiltración.