Ivana Navas, la fuerza de una historia que nunca se detuvo
De los patines al running, de Villa Krause a Barcelona, la historia de una rawsina que supo cerrar etapas y abrir nuevos caminos con la misma pasión.
Hay historias que no se miden solo en medallas o resultados, sino en decisiones valientes. La de Ivana Navas es una de ellas. Rawsina de nacimiento, formada en el hockey sobre patines y hoy radicada en España, supo cerrar una etapa gloriosa del deporte para abrir otra, distinta pero igual de apasionante, sin perder nunca su esencia ni su identidad.
Ivana comenzó a jugar al hockey sobre patines a los 10 años en el club de sus amores, Unión de Villa Krause. Allí dio sus primeros pasos, creció como deportista y como persona, y empezó a construir un camino que la llevaría muy lejos. "Soy rawsina de nacimiento y la pasión por Unión no tiene fecha de vencimiento ni distancia. Yo corro siempre con algo azul, es lo que me identifica", resume, dejando en claro que el sentido de pertenencia sigue intacto más allá de los kilómetros.
En el año 2000 cumplió uno de los grandes sueños de cualquier deportista: debutó en un Mundial con la Selección Argentina, en Alemania. Dos años más tarde volvió a vestir la celeste y blanca en Portugal, confirmando su lugar entre las mejores jugadoras del hockey sobre patines femenino. Esos años marcaron una etapa de plenitud deportiva que la llevó a dar el salto internacional.
Tras ese recorrido llegó su experiencia en Europa, al fichar para el Portosantense de la liga portuguesa. Fueron temporadas de alto nivel, crecimiento y competencia, pero también de reflexión personal. Luego de dos años decidió regresar a la Argentina, a San Juan y a Unión de Villa Krause, con un objetivo claro: comenzar a preparar su futuro más allá de la alta competencia.
Su vínculo con el hockey no se cortó de golpe. Jugó sus últimos años con la misma pasión de siempre, defendiendo la camiseta azul con profesionalismo, y también asumió el rol de entrenadora cuando tuvo la posibilidad de enseñar y acompañar a las más chicas. "Jugué con la misma pasión de siempre, en Unión defendiendo la camiseta con la mayor profesionalidad, o como entrenadora cuando tuve la posibilidad de enseñar a las nenas más chicas, pero hoy esa etapa la superé", reconoce, con la serenidad de quien sabe que cada ciclo tiene su tiempo.
Mientras seguía ligada al deporte, Ivana comenzó a estudiar Psicología, carrera que terminó y en la que se recibió. Con el tiempo decidió retirarse definitivamente del hockey competitivo para dedicarse de lleno a su profesión, aunque sin alejarse del movimiento. Practicó otros deportes, se mantuvo activa y sostuvo el vínculo con la actividad física, entendiendo que el deporte siempre sería parte central de su vida.
Hay un costado íntimo que acompaña silenciosamente su historia: su abuela. Es ella quien guarda recortes de diarios, notas y menciones sobre Ivana a lo largo de los años. Cada logro, cada publicación, cada recuerdo está cuidadosamente conservado, como un archivo afectivo de una carrera que marcó a toda una familia y a un club.
Después de la pandemia llegó otro gran cambio. Ivana viajó a España y hace ya tres años que vive en Barcelona. Allí comenzó una nueva etapa que la reencontró con la competencia, esta vez desde el atletismo. El running se convirtió en su nuevo desafío y, casi sin buscarlo, empezaron a llegar los buenos resultados en distintas distancias.
"El hockey fue una etapa maravillosa de mi vida, la disfruté a pleno, pero cuando sentí que debía buscar otro rumbo lo hice. La profesión de psicóloga también fue un objetivo que me planteé y que pude cumplir", expresa. Y agrega: "El running y el hockey me dieron cosas muy buenas. Le debo mucho al deporte en general. No podría elegir entre uno y otro".
Hoy, Ivana Navas es máster en Psicología Deportiva, profesión que no abandonó ni siquiera al mudarse de país. Atiende pacientes en España, trabaja de manera online con deportistas de distintos lugares y acompaña procesos mentales y emocionales desde una mirada profesional, pero atravesada por su propia experiencia como atleta de alto rendimiento.
Cambió los patines por las zapatillas, pero no la convicción. Desde Villa Krause hasta Barcelona, su historia demuestra que el verdadero motor no es el deporte que se practica, sino la pasión con la que se vive cada etapa.