Crónica de un mes histórico
Durante mayo de 1969, la represión dictatorial encendió la chispa de una rebelión popular que se extendió desde Corrientes hasta Córdoba. Estudiantes, obreros y ciudadanos se unieron en las calles contra el autoritarismo, la exclusión social y la desigualdad educativa, anunciando el principio del fin del régimen militar.
El golpe de Estado contra el gobierno radical de Arturo Illía -gobierno con base popular de clase media- representó la ruptura de aquella alianza entre la casta oligárquica y las clases medias argentinas, alianza que se había mantenido prácticamente incólume desde 1930 hasta 1966 y que había servido de apoyo a los golpes oligárquicos contra Hipólito Yrigoyen en 1930 y contra Juan Domingo Perón en 1955.
La intervención coactiva en y a las universidades argentinas, pobladas por los hijos de esa clase media rural y urbana de todo el país, inaugurada con "la noche de los bastones largos" en la Universidad de Buenos Aires, crearon desde 1966 en adelante un clima insoportable en el estudiantado universitario, sobre todo en las provincias del Interior argentino, históricamente empobrecidas y marginadas del progreso y la "civilización", valores tan demandados por el liberalismo extranjerizante sin acertar nunca en el camino para lograrlo.
Todo ello se sumaba a la regimentación autoritaria de la vida institucional en las casas de estudios superiores y la ofensiva limitacionista: creación y aumento de aranceles, imposición de turnos matutinos que impedían la asistencia a los estudiantes que además trabajaban, cursos eliminatorios de ingreso a la Universidad.
Era el caso particular de la Universidad del Nor-Este, agravado allí por la privatización de los comedores universitarios, el consiguiente aumento del ticket por comida, la exigencia del pago mensual del abono para comer y la supresión de comidas los domingos y días feriados, elevando el costo familiar de manutención de los estudiantes a valores exorbitantes. La respuesta a semejante situación, después de tres años de dictadura y atropellos políticos, económicos y sociales (1966 – 1969), no se hizo esperar, y la situación explotó en protestas, asambleas y pedidos de revisión de las medidas adoptadas.
Un mes histórico
Las movilizaciones estudiantiles a partir de principios de mayo de 1969 fueron particularmente entusiastas y numerosas en la Universidad del NE (Corrientes y Resistencia, Chaco).
El 7 de mayo, 600 estudiantes correntinos se reunieron a la salida del Rectorado para escuchar el informe de sus delegados, que no habían podido entrevistarse con el rector Walker. Sin aviso previo, la policía correntina los atacó salvajemente disparando sus armas, una de cuyas balas atravesó la boca del estudiante Monzón. El 8 de mayo, las Facultades de Corrientes y Resistencia de la UNNE pararon en protesta por la represión arbitraria e indiscriminada. El 9 de mayo, una asamblea estudiantil en Resistencia, Chaco, designó una Comisión Coordinadora de Lucha integrada por las agrupaciones estudiantiles del integralismo peronista, la izquierda nacional y el comunismo universitario.
El 13 de mayo de 1969, en la provincia de Tucumán, los trabajadores del ingenio azucarero Amalia tomaron las instalaciones en protesta por sus salarios impagos. Las organizaciones estudiantiles mayoritarias, por su parte, organizaron la Coordinadora de Agrupaciones Universitarias, en contraposición a las agrupaciones estudiantiles que levantaban el programa estudiantil de la FUA en la línea gorila del 55. La Coordinadora de Agrupaciones Universitarias propiciaba la unidad obrero-estudiantil -una de las banderas del movimiento estudiantil en la Reforma Universitaria de 1918- y apoyaba resueltamente el programa de la CGT, organización de los trabajadores argentinos que era la protagonista principal en la resistencia contra el régimen desde 1955.
Durante las protestas, San Miguel de Tucumán fue literalmente ocupada por su población y la policía desapareció de las calles, ahuyentada por los vecinos que le arrojaban agua hirviendo desde las terrazas (como en las invasiones inglesas), al mismo tiempo que al anochecer se apagaban las luces de las casas de familia para dificultar la acción policial. Las autoridades universitarias nombradas por el gobierno fueron desconocidas. Y del mismo modo que en Chaco, Salta, Córdoba, Paraná y otras provincias, la Coordinadora de Agrupaciones Universitarias de Tucumán proclamó en un comunicado "la unidad obrero– estudiantil, en la perspectiva de una salida soberana que abra el camino hacia la solución de la crisis argentina". Ese era el perfil y la nueva conciencia del estudiantado argentino a fines de la década del ‘60, principios de la década del ‘70.
En Córdoba, el 14 de mayo, después de una multitudinaria Asamblea (más de 3.000 obreros y estudiantes) en el Córdoba Sport Club de la ciudad mediterránea, convocada por el gremio SMATA (Elpidio Torres) para discutir el intento de supresión del Sábado Inglés (vigente desde la década de 1920), se produjo un violento enfrentamiento con la policía que reprimió a los asambleístas causando una decena de heridos y 26 detenidos. El día anterior, el diario Córdoba había anunciado un nuevo aumento del boleto del transporte urbano de pasajeros.
La violencia desatada por la policía en el Nordeste cobró su primera víctima fatal el 15 de mayo de 1969 en Corrientes, cuando los estudiantes -esta vez en número de 1.200 aproximadamente, acudieron a la entrevista programada con el rector Walker para acompañar a sus delegados. No obstante, tampoco fueron recibidos, y cuando los delegados informaban sobre el resultado de la frustrada entrevista, otra vez fueron atacados por la policía, produciéndose esta vez una batalla campal durante dos horas, cuando cayó mortalmente herido por una bala policial (9 mm) el estudiante Juan José Cabral (22 años). Siguiendo un reguero de falsedades, el rector Walker quiso justificar la masacre y despegarse del asesinato de Cabral. Sus declaraciones fueron reproducidas por "La Nación", pero ningún medio de Corrientes y Resistencia quiso reproducirlas. Había comenzado la desobediencia civil y la rebelión contra la dictadura en el extremo nordeste de la República humillada y masacrada.
El día 16, trece días antes del Cordobazo, la indignación pública, transformada en manifestación de todo un pueblo, se volcó a las calles. Cinco mil personas manifestaron en Corrientes y más de cuatro mil en Resistencia. La rebelión estudiantil y popular se extendió a otras ciudades del interior argentino. En Córdoba una resolución de las dos CGT en la que estaba dividido el movimiento obrero, convocó a una huelga general que obtuvo un acatamiento total. En Rosario, la protesta por la represión policial y la muerte del estudiante Cabral en Corrientes, con la consecuente ira estudiantil en Santa Fe, llevaron al rector de la UN de Rosario a decidir el 16 de mayo la suspensión de actividades universitarias por tres días. Los estudiantes rosarinos se congregaron entonces en el Comedor Universitario y desde allí marcharon al centro. Había comenzado el Rosariazo.
El 17 de mayo, 400 estudiantes rosarinos manifestaron ruidosamente frente al Comedor Universitario y, ante la represión policial, se dispersaron por distintas calles aledañas. Perseguidos por la policía y atrapado un grupo en la Galería Meipal (con solo una boca de entrada y salida), se oyó un disparo. Allí quedó tirado en el suelo el cuerpo de Adolfo Bello con la cara ensangrentada, muriendo pocas horas después. El Ministerio del Interior responsabilizó a los manifestantes. La CGT decretó el estado de alerta y citó a un plenario para el día 20 de mayo.
El 20 de mayo, los estudiantes rosarinos anunciaron un paro nacional. El 21 de mayo comenzó a cumplirse el paro general estudiantil. Ese día, un balazo policial asesinó al joven obrero y estudiante Luis Norberto Blanco. Desde la madrugada del 22, Rosario fue declarada zona de emergencia bajo jurisdicción militar.
El 21 de mayo se cumplió en todo el país la huelga estudiantil dispuesta por la Federación Universitaria Argentina con carácter nacional. Faltaban ochos días para el Cordobazo.
En Salta, ese mismo 21 de mayo se convocó a una asamblea estudiantil en el edificio del Departamento de Humanidades, a la que concurrieron representantes de gremios obreros, profesionales, profesores y maestros en gran número en protesta por la represión en Corrientes, Resistencia y Rosario. Al día siguiente de la asamblea salteña, fue el turno de los estudiantes secundarios, que se movilizaron masivamente. Ese mismo día 22 de mayo, a las 19, se celebró una Misa en la Iglesia de San Francisco. Al terminar la Misa había una verdadera multitud. Se encendieron 150 antorchas, y se organizó una Marcha del Silencio que se dirigió por las calles céntricas hacia la plaza 9 de Julio.
Según cuenta la crónica de aquellos días, "los vecinos y público en general aplaudían la columna y se incorporaron a ella. Católicos y laicos juntos en el Centro Único de Humanidades, demostrando la posición nacional del nuevo estudiantado, encabezaban la manifestación, integrada por estudiantes terciarios, profesores, militantes, obreros, empleados, estudiantes secundarios y pueblo, compuesta de unas 9.000 personas, concentración pocas veces vista en Salta". La masiva manifestación fue disuelta por la policía con fiera represión, como había ocurrido en otras provincias. Sin embargo, la manifestación popular se reconstituyó y fue a protestar a las puertas del Club 20 de Febrero -el Jockey Club salteño-, donde se realizaba un ágape oficial para recibir a los delegados del Congreso de Psicología Social, aguándoles la fiesta y destruyendo "el mohoso reducto de la oligarquía salteña", símbolo de la "Salta goda".
Con el espíritu de época y de la lucha contra la dictadura, producto de la nacionalización de la conciencia estudiantil y de la unidad obrero – estudiantil lograda, con el general Perón todavía proscripto, la Comisión Intercentros de Salta dio a conocer una declaración cuyas consignas finales bregaban por "una cultura nacional, por una Universidad abierta al pueblo argentino, por la soberanía política, la independencia económica y la justicia social en el marco de un gobierno popular".
En Paraná, el día 22 de mayo, cerca de 8.000 personas se hicieron presentes en sus calles. Como en todas las ciudades argentinas, el Litoral expresaba en forma masiva y contundente su hartazgo frente al autoritarismo y avasallamiento de la dictadura. En el gran acto realizado en Paraná, hablaron el secretario general de la CGT, un estudiante secundario y un estudiante de la Agrupación Universitaria Nacional (AUN), que fueron aclamados por la multitud.
El 23 de mayo, un grupo de 38 sindicatos rosarinos dispuso la realización de un masivo paro industrial que tuvo éxito total. Los sectores de la Iglesia más afines a los grupos obreros emitieron una declaración de apoyo al paro general en repudio al gobierno, mientras numerosos eclesiásticos se negaban a celebrar el Te Deum oficial del 25 de Mayo. Más de 7.000 personas acompañaron el féretro de Luis Blanco en la procesión hacia el cementerio. Cuando el 20 de junio el general Onganía visitó el Monumento a la Bandera, la CGT lo declaró persona no grata.
En Córdoba, los días 27 y 28 de mayo, "las asambleas estudiantiles de masas -relata el historiador Roberto A. Ferrero- se multiplican en todas las Facultades", en el marco de la vigencia y el auge de "las tendencias nacionales". El Cordobazo estaba en puerta.
Las puebladas provinciales adelantaban el fin de la dictadura y una salida nacional a corto o mediano plazo para ponerle fin a la restauración oligárquica y la proscripción del pueblo iniciada en 1955. Esa era la conciencia y coincidencia dentro del movimiento obrero como en el movimiento estudiantil ya nacionalizado de aquellos años. En esa unidad y conciencia nacional colectiva de trabajadores y estudiantes se resumían a su vez los fundamentos de un proyecto de país mejor para todos, sin exclusiones de ninguna clase.