Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro protagonizaron este domingo el primer debate presidencial previo a la segunda vuelta electoral en Brasil, en un intercambio marcado por acusaciones cruzadas, cuestionamientos personales y referencias a dirigentes internacionales. Ambos se atribuyeron mutuamente hechos de corrupción y difusión de mentiras, en una discusión que terminó con gritos del público e intervenciones de los moderadores.
Uno de los momentos más tensos se produjo cuando Lula le preguntó a su adversario si ya le había pedido prestada la motosierra al presidente argentino, Javier Milei, y si tenía previsto aplicar su modelo de gobierno en Brasil. Bolsonaro respondió con una pregunta sobre Nicolás Maduro y quiso saber si el mandatario brasileño estaba al tanto de su supuesto encarcelamiento en Estados Unidos.
El debate se desarrolló en los estudios de la cadena Band, a siete días de la segunda vuelta prevista para el domingo 25 de octubre. Los últimos sondeos mencionados en la previa mostraban una leve ventaja para el candidato del Partido Liberal, representante de la derecha dura, frente al actual presidente y referente histórico del Partido de los Trabajadores (PT). En la primera vuelta, realizada el 4 de octubre, Bolsonaro había obtenido el 47% de los votos, frente al 45% alcanzado por Lula.
Seguridad pública fue el primer tema abordado. Bolsonaro prometió endurecer la respuesta estatal contra las organizaciones criminales y aseguró que, a partir de enero, declararía “la guerra al narcoterrorismo”. También afirmó que buscaría recuperar los territorios controlados por grupos delictivos y establecer leyes más severas. “Quien va a ir con miedo en las calles van a ser ellos. Voy a devolver las calles a ustedes”, sostuvo el candidato, quien además planteó declarar organizaciones terroristas a las principales bandas criminales del país, en línea con una política aplicada por Washington.
Lula, por su parte, defendió una iniciativa legislativa destinada a enfrentar al crimen organizado y sostuvo que la estrategia debía combinar protección para los vecinos con presión sobre los delincuentes. La discusión pasó luego a la economía, donde Bolsonaro afirmó que Brasil ya había elegido un cambio y consideró que el primer paso debía ser sacar a Lula de la Presidencia. El intercambio subió de tono cuando el mandatario cuestionó a su rival sobre su postura frente a las mujeres. “No tengo nada contra ellas”, respondió Bolsonaro.
En otro tramo del debate, Bolsonaro preguntó por Roberta Lucinda, una empresaria y lobista mencionada en una investigación de la Policía Federal y del Supremo Tribunal Federal (STF), en la que se encuentra involucrado Lulinha, hijo del presidente. Lula respondió con referencias a Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio, quien se encuentra en Estados Unidos y fue condenado a cuatro años de prisión, según lo señalado durante el debate. Sobre Roberta Lucinda, el mandatario sostuvo que se trataba de un asunto de la Policía Federal.
Las acusaciones de corrupción volvieron a dominar la discusión cuando Bolsonaro afirmó que los gobiernos de Lula habían estado marcados por esos hechos y prometió combatirlos si llegaba al poder. El presidente contraatacó al cuestionar la credibilidad de su adversario y advertirle sobre las consecuencias judiciales que, según él, podría enfrentar tras perder su inmunidad parlamentaria. “Él es peor que su padre. Miente más que su padre”, lanzó Lula, en alusión al expresidente Jair Bolsonaro, padre de su rival. El cierre tampoco estuvo exento de tensión: las intervenciones finales quedaron interrumpidas por los gritos de personas presentes en el estudio, lo que obligó a los moderadores a intervenir para intentar recuperar el orden. Con el balotaje a pocos días, el debate dejó en evidencia la centralidad de la seguridad, la corrupción y los cuestionamientos personales en la disputa por la Presidencia brasileña.




