La Municipalidad de Rivadavia avanzó con una ordenanza que obliga a contar con sistemas adecuados de anclaje, fijación o aseguramiento en todos los arcos de fútbol. La decisión apunta a reducir el riesgo de caídas o desplazamientos de estructuras que, en determinadas condiciones, pueden derivar en accidentes graves.
El alcance de la norma es amplio: incluye instalaciones públicas, privadas, escolares, recreativas, comunitarias e institucionales. En los hechos, la medida traslada mayores responsabilidades a quienes están a cargo de esos espacios, que deberán garantizar condiciones mínimas de seguridad antes de habilitar su uso.
Entre las exigencias previstas, los responsables tendrán que controlar el estado de los arcos y de sus sistemas de fijación antes de cada jornada, realizar el mantenimiento necesario y conservar un registro de inspecciones y eventuales correcciones. Además, la ordenanza prohíbe utilizar piedras, ladrillos, tambores u otros elementos improvisados como contrapeso o mecanismo de sujeción.
La aplicación quedará en manos de la Secretaría de Obras de la Municipalidad de Rivadavia. Los inspectores podrán verificar el estado de los arcos, pedir documentación técnica, realizar mediciones, tomar fotografías, labrar actas e intimar a los responsables a hacer las adecuaciones correspondientes.
Si se detecta un riesgo grave o inminente, el municipio tendrá la facultad de prohibir de manera inmediata el uso del arco y hasta disponer la clausura preventiva del sector hasta que la situación sea corregida. Ese punto marca un giro hacia controles más estrictos y con capacidad de respuesta rápida frente a condiciones peligrosas.
La ordenanza se conoce mientras en la Cámara de Diputados de la Nación avanza la denominada “Ley Joaquín”, orientada a reforzar las medidas de seguridad en actividades deportivas. El contexto legislativo nacional le da a esta decisión local un peso adicional, en un escenario donde la prevención dejó de ser una recomendación para convertirse en una necesidad concreta.
La nueva normativa tiene como antecedente tres muertes ocurridas en San Juan en los últimos años, todas vinculadas al desplome de arcos sobre menores. El primer caso fue el 29 de febrero de 2020, en una finca de Rivadavia, donde Ramiro Rato, de 2 años, recibió un golpe en la cabeza por un arco de hierro que cayó mientras jugaba. Murió el 2 de marzo, tras permanecer internado en el Hospital Rawson.
En Barreal, el 16 de mayo de 2021, falleció Hilario Uriel Uribe, de 4 años, luego de que un arco se desplomara en un salón de eventos. Más tarde, la investigación determinó que el complejo no contaba con las habilitaciones correspondientes.
El antecedente más reciente ocurrió el 2 de noviembre de 2025, en el camping del Círculo de Oficiales de la Policía, en Rawson. Martín Páez, de 13 años, se colgó del travesaño de un arco metálico mientras celebraba un gol con sus compañeros. La estructura cedió y cayó sobre el adolescente, que sufrió heridas fatales. La investigación estableció que el arco no estaba anclado.
Con esta ordenanza, Rivadavia intenta cerrar una deuda pendiente en materia de prevención. El objetivo ya no es solo ordenar el uso de las instalaciones deportivas, sino evitar que una estructura en apariencia inofensiva vuelva a transformarse en una amenaza para niños y adolescentes.



