Argentina va camino a un superávit comercial de más de u$s20.000 millones en 2026, un nivel que las estimaciones privadas ubican como récord real desde 2009. El resultado surge de una actividad interna deprimida en sectores que demandan importaciones, de una mejora en las cantidades exportadas y del dinamismo de Vaca Muerta. A eso se suma un escenario de precios internacionales favorables, que sostiene el ingreso de divisas pero no se traduce de manera equivalente en la economía interna.
Los datos del INDEC muestran que, desde que Javier Milei asumió la presidencia, los términos de intercambio —la relación entre precios de exportación e importación— se ubican 1,5% por encima de los registrados durante la gestión de Alberto Fernández y 4,6% por encima de los del segundo mandato de Cristina Fernández. En el promedio de los dos primeros trimestres de 2026, esa relación supera en 2,2% al bienio 2021-2022 y en 3,4% al bienio 2011-2012, según la misma medición oficial. Ese contexto mejora la disponibilidad de dólares, pero no resuelve por sí solo los problemas de actividad, empleo y salarios.
Los números de agosto reforzaron esa tendencia. Según Qualy, el frente externo se benefició por una mejora interanual del 4,5% en los términos del intercambio, debido a que el aumento de los precios de exportación fue mayor al de las importaciones. LCG estimó, por su parte, que la ganancia por ese canal rondó los u$s350 millones en el mes y acumuló u$s1.840 millones en el año, equivalentes al 10% del saldo comercial acumulado, calculado en u$s18.000 millones.
Factores externos Detrás de esa mejora aparece la guerra en Medio Oriente, que encareció la energía, un rubro en el que Argentina mantiene una balanza de dólares positiva desde 2024. También incidió la suba de la soja, que tocó en Chicago su máximo en casi tres años, con u$s484 por tonelada al 1° de septiembre, según explicó Abeceb. La consultora vinculó ese movimiento con el regreso de las compras chinas, el deterioro de las condiciones de cultivo en Estados Unidos y las definiciones sobre biocombustibles. El antecedente inmediato fue el boom de commodities asociado a la guerra entre Rusia y Ucrania, aunque entonces la sequía de 2023 limitó la capacidad del país para aprovechar ese escenario.
Actividad y política fiscal La comparación con el período 2003-2012 muestra una divergencia relevante: hoy los precios externos son incluso mejores, pero el crecimiento interno es mucho más acotado. El texto original compara un aumento promedio anual del PBI per cápita de 5,2% en aquel ciclo con una expansión promedio de 1,7% en los últimos tres años, además de retrocesos en empleo y salarios. Para Guido Zack, director de Economía de Fundar, la diferencia central es que hoy existen mayores demandas de dólares que en aquel período, entre ellas el pago de deuda externa y la formación de activos externos, es decir, la compra de divisas por parte de personas y empresas para resguardo fuera del sistema financiero local.
Escenarios posibles Zack sostuvo que el Gobierno enfrenta una disyuntiva entre habilitar cierta expansión del gasto para recuperar actividad, aun resignando parte del objetivo inflacionario, o sostener el equilibrio fiscal estricto, con efectos favorables sobre las variables financieras pero costos en actividad, empleo y pobreza. En una línea similar, Hernán Herrera, investigador y coordinador del área de economía del Instituto Argentina Grande (IAG), señaló que la expansión fiscal es el primer motor del crecimiento, aunque requiere financiamiento para no trasladarse a inflación. Bautista Santamaría, economista de Empiria, agregó que el equilibrio fiscal puede ser expansivo en alguna medida por la estabilidad que aporta a la macroeconomía. El debate queda abierto sobre cuánto del actual boom externo puede convertirse en actividad interna y qué políticas podrían capturar ese efecto en los próximos meses.




