El INTA dio a conocer OLI INTA, la primera variedad de papa mejorada mediante edición génica que se inscribe oficialmente en Argentina. Se trata de un avance que no solo tiene valor científico, sino también impacto directo sobre una cadena productiva que enfrenta pérdidas por daños mecánicos y exigencias crecientes en materia de calidad.
La nueva variedad fue incorporada al Registro Nacional de Cultivares y al Registro Nacional de Propiedad de Cultivares del INASE, luego de su publicación en el Boletín Oficial. El desarrollo estuvo a cargo del Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA Balcarce, con participación del CONICET y financiamiento de los programas Procisur y FONTAGRO.
La base técnica del avance consiste en desactivar el gen responsable del pardeamiento enzimático, asociado a la enzima polifenol oxidasa. Ese mecanismo evita que el tubérculo genere los pigmentos oscuros que aparecen cuando la papa recibe golpes, un problema habitual en la producción y el procesamiento industrial.
La investigadora Gabriela Massa, que lideró el desarrollo, explicó que se trata de “apagar” una región del genoma propio de la papa. Esa diferencia es central, porque no implica incorporar material genético de otra especie. En términos regulatorios, además, abre un escenario distinto al de los organismos transgénicos y le da a Argentina una posición adelantada frente a otros países.
El impacto económico también es relevante. Cuando una partida llega a la industria con demasiados moretones, una parte termina descartada, con pérdidas para el productor y para la planta procesadora. Con una papa menos propensa al oscurecimiento, se reducen los rechazos, se mejora la posibilidad de obtener bonificaciones y baja el volumen de alimento desperdiciado en toda la cadena.
Ese punto adquiere mayor peso en un mercado que exige cada vez más trazabilidad y estándares ambientales. En ese marco, OLI INTA aparece como una herramienta concreta para mejorar la eficiencia productiva y sostener la competitividad exportadora de un sector en expansión.
La inscripción de esta variedad también tiene una lectura regional. Hace pocas semanas, el Parlamento Europeo avanzó en un nuevo marco regulatorio para las Nuevas Técnicas Genómicas, excluyéndolas de la categoría de organismos transgénicos. Argentina, en cambio, cuenta desde 2015 con una normativa propia para este tipo de tecnologías, lo que le permitió llegar antes que buena parte del mundo.
La papa es una de las hortalizas más importantes del país por volumen y por peso económico. La producción nacional oscila entre 2,1 y 3 millones de toneladas anuales, sobre una superficie de entre 70.000 y 80.000 hectáreas. El consumo per cápita de papa fresca ronda los 52 kilos por año, una cifra alta dentro del segmento hortícola.
La actividad está fuertemente concentrada en la provincia de Buenos Aires, que explica más de la mitad de la superficie sembrada. Detrás aparecen Córdoba, San Luis, Tucumán, Mendoza y, en menor medida, Jujuy, Salta y Santa Fe. Dentro del territorio bonaerense, el sudeste provincial concentra el corazón del cultivo, con partidos como Balcarce, Tandil, Lobería y General Alvarado, que reúnen más del 90% de la producción provincial y más del 40% de la superficie nacional.
En esa misma zona funciona el laboratorio que desarrolló OLI INTA, en un área que además se consolidó como polo industrial y exportador. Allí se concentran los principales jugadores globales de la papa prefrita congelada, con inversiones de gran escala y fuerte orientación al mercado externo.
McCain, líder del mercado argentino con dos tercios de participación, anunció en 2025 una inversión de u$s100 millones para modernizar y ampliar su planta de Balcarce. A su vez, Lamb Weston inauguró en octubre de 2025 su planta en el Parque Industrial General Savio de Mar del Plata, con una inversión superior a los u$s300 millones. Para concentrar su operación, la empresa resolvió a comienzos de 2026 cerrar su planta histórica de Munro.
La presencia de PepsiCo en esa misma zona termina de configurar al sudeste bonaerense como el principal polo exportador de papa procesada de Sudamérica. En ese contexto, un desarrollo como OLI INTA no se limita al laboratorio: apunta a resolver una de las principales restricciones de la industria, que necesita materia prima con el menor daño mecánico posible para sostener el ritmo de procesamiento y su competitividad internacional.




