El terremoto que golpeó a Colombia volvió a instalar una pregunta que en San Juan nunca debería perder vigencia: ¿qué ocurriría si un movimiento sísmico de gran magnitud volviera a sacudir la provincia?
El fenómeno registrado en Colombia, de magnitud 7,4, dejó hasta el momento un saldo de al menos 132 personas fallecidas y más de 570 heridas, de acuerdo con los reportes difundidos tras el desastre.
La tragedia volvió a poner bajo la lupa la capacidad de las ciudades para enfrentar terremotos de gran intensidad. Y en ese mapa, San Juan ocupa un lugar particularmente sensible.
La provincia se encuentra en una de las regiones con mayor peligrosidad sísmica de la Argentina. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) divide al territorio argentino en cinco categorías, identificadas desde la Zona 0 hasta la Zona 4. A mayor número, mayor peligrosidad sísmica y, por lo tanto, mayores exigencias para las construcciones.
San Juan, en el máximo nivel de peligrosidad
La denominada Zona 4 es la categoría de mayor peligrosidad sísmica. Dentro de esta franja se encuentra el sur de San Juan y el norte de Mendoza, incluyendo sectores donde se concentran importantes centros urbanos.
En el nivel inmediatamente inferior se encuentran el centro de Mendoza, el norte y este de San Juan, el oeste de La Rioja y parte del noroeste de San Luis.
Esto significa que buena parte del territorio sanjuanino se encuentra sometido a una amenaza sísmica que no es teórica ni exclusivamente histórica. Es una condición geológica permanente.
El mapa de peligrosidad sísmica del INPRES funciona como una herramienta fundamental para determinar las exigencias que deben cumplir las construcciones en cada región. En las áreas de mayor peligrosidad, las normas sismorresistentes adquieren una importancia decisiva.
¿Por qué tiembla tanto en esta región?
La explicación está debajo de nuestros pies. La actividad sísmica argentina está estrechamente relacionada con la dinámica tectónica de la región andina. La interacción de las placas tectónicas genera esfuerzos que se acumulan durante largos períodos y pueden liberarse de manera brusca a través de fallas geológicas.
La Cordillera de los Andes constituye una de las grandes zonas sísmicamente activas del continente. Por eso, a medida que aumenta la distancia respecto de la región cordillerana, la peligrosidad sísmica tiende a disminuir, aunque no desaparece por completo.
Argentina cuenta con otras regiones donde pueden producirse terremotos. Entre las zonas de peligrosidad moderada aparecen sectores del norte de Salta y Jujuy, Tucumán, Catamarca, el oeste de Córdoba, el noreste de Chubut y parte de Tierra del Fuego.
El terremoto no se puede evitar. El desastre, sí
Esta es quizás una de las principales enseñanzas que dejan los grandes terremotos. El exdirector del INPRES Alejandro Giuliano explicó en distintas oportunidades que los terremotos no pueden predecirse, pero que sí es posible trabajar para evitar que sus consecuencias se transformen en una catástrofe.
“Se puede evitar que un terremoto devenga en una catástrofe”, sostuvo el especialista.
La diferencia no es menor.
Un terremoto es un fenómeno natural. Las víctimas y las pérdidas materiales dependen, en buena medida, de cómo responde el entorno construido frente a ese fenómeno.
En ese sentido, Giuliano fue contundente al explicar dónde se encuentra uno de los principales problemas: “No es el fenómeno natural el que produce las pérdidas materiales y humanas, sino la interacción del mismo con las construcciones vulnerables que hace el hombre”.
La afirmación adquiere especial relevancia cuando se analiza lo ocurrido en otros países afectados por grandes terremotos. La magnitud del movimiento es determinante, pero también lo son la calidad de las construcciones, las características del suelo, la planificación urbana y el nivel de preparación de la población.
La construcción sismorresistente, una de las claves
Para Giuliano, una de las herramientas fundamentales para reducir las consecuencias de un terremoto es impedir que las estructuras colapsen. “Hay que evitar que las construcciones colapsen, porque el colapso de las construcciones es lo que produce los desastres. En tal sentido aparece la construcción sismorresistente”, explicó.
La definición permite entender por qué la normativa de construcción tiene un papel central en una provincia como San Juan.
El INPRES establece exigencias diferenciadas de acuerdo con la zona sísmica en la que se encuentre una obra. Las condiciones son más estrictas en las regiones de mayor peligrosidad.
Pero no alcanza solamente con que exista un reglamento.
La prevención sísmica requiere que las normas sean conocidas, aplicadas y controladas. También demanda profesionales capacitados, controles municipales, fiscalización de las obras y mantenimiento adecuado de las construcciones existentes.
San Juan y una experiencia marcada por los terremotos
San Juan no parte de cero en materia de prevención.
La provincia sufrió en 1944 uno de los terremotos más destructivos de la historia argentina. A partir de aquella tragedia comenzó una profunda transformación de la ciudad y de los criterios de construcción.
La experiencia acumulada durante décadas convirtió a San Juan en una de las provincias argentinas con mayor desarrollo en materia de prevención y construcción sismorresistente.
El propio Giuliano destacó esta característica cuando fue consultado específicamente sobre la preparación de San Juan frente a un terremoto.
“El primero hace referencia a la edificación sismorresistente, de la que somos pioneros en el país”, señaló el especialista, al referirse a uno de los pilares sobre los que se sostiene la preparación provincial.
Pero esa experiencia histórica abre también otro interrogante: ¿alcanza lo realizado hasta ahora para enfrentar un terremoto de gran magnitud en la actualidad?
¿Qué pasa con las construcciones antiguas?
Aquí aparece uno de los grandes desafíos para cualquier ciudad sísmica.
Una cosa es construir actualmente bajo normas sismorresistentes y otra muy diferente es analizar qué sucede con edificios, viviendas y estructuras construidas hace décadas, bajo reglamentos diferentes o incluso sin los controles actuales.
Por eso, hablar de preparación sísmica no debería limitarse a preguntar cuántos edificios nuevos cumplen con las normas.
También implica preguntarse:
¿Cuántas viviendas antiguas fueron evaluadas?
¿Qué sucede con las construcciones que fueron ampliadas sin criterios estructurales?
¿Los edificios públicos están preparados?
¿Las escuelas tienen protocolos claros?
¿La población sabe qué hacer durante un terremoto?
Son preguntas que adquieren especial relevancia en una provincia que se encuentra dentro de la zona de mayor peligrosidad sísmica del país.
La responsabilidad también es del Estado
Giuliano también ha señalado el rol que deben cumplir los Estados provinciales, nacionales y municipales en materia de prevención.
No se trata solamente de elaborar reglamentos. Es necesario que las normas estén vigentes, sean conocidas por quienes construyen y que exista un control efectivo sobre su cumplimiento.
En ese sentido, el especialista plantea que la solución al problema sísmico también depende de las decisiones humanas.
“Está en nosotros solucionar el problema sísmico”, sostuvo.
La frase resume uno de los conceptos centrales de la prevención: la sociedad no puede controlar cuándo ocurrirá un terremoto, pero sí puede decidir cómo construir, cómo controlar, cómo educar y cómo responder frente a ese fenómeno.
San Juan sigue teniendo actividad sísmica
Los movimientos de tierra forman parte de la vida cotidiana de la provincia.
Durante 2026, el INPRES registró distintos sismos sentidos en territorio sanjuanino. El 28 de junio, por ejemplo, informó un movimiento de magnitud 4,2 con epicentro ubicado a 25 kilómetros al oeste de Bermejo, 36 kilómetros al este de Caucete y 59 kilómetros al este de la ciudad de San Juan.
Otro sismo sentido había sido registrado el 17 de abril, con epicentro a 24 kilómetros al sudeste de Calingasta, magnitud 4,5 y una profundidad de 120 kilómetros. En la ciudad de San Juan fue percibido con una intensidad de III a IV en la escala de Mercalli Modificada.
No se trata, en estos casos, de terremotos destructivos. Pero sirven para recordar que la actividad sísmica no se detiene.
De hecho, Giuliano explicó que los movimientos sísmicos ocurren constantemente en el planeta y que una gran cantidad de ellos no llega siquiera a ser percibida por la población.
“Aproximadamente hay unos 500.000 sismos al año que los instrumentos actuales de medición tienen la capacidad de registrar. De esos 500.000, alrededor de 100.000 son sentidos por las personas”, señaló.
¿Estamos preparados?
La pregunta no tiene una respuesta sencilla.
San Juan tiene una ventaja que otras regiones no poseen: una memoria sísmica muy fuerte y décadas de experiencia en prevención, investigación y construcción sismorresistente.
La existencia del INPRES, los reglamentos sismorresistentes, la red de estaciones sismológicas y la experiencia acumulada después del terremoto de 1944 constituyen herramientas fundamentales.
Pero estar ubicado en la Zona 4 de peligrosidad sísmica significa que la preparación no puede considerarse una tarea terminada.
La pregunta debe ser permanente.
¿Estamos preparados para el próximo gran terremoto?
No para saber cuándo ocurrirá —porque actualmente no existe un método científico que permita predecir con precisión cuándo, dónde y con qué magnitud ocurrirá un terremoto— sino para reducir al mínimo posible sus consecuencias.
El desafío también está dentro de cada casa
La prevención no es exclusivamente responsabilidad del Estado.
Cada familia debería saber dónde ubicarse durante un movimiento sísmico, identificar lugares seguros, evitar zonas donde puedan caer objetos, conocer las vías de evacuación y establecer previamente cómo comunicarse y reencontrarse con sus integrantes si las redes telefónicas quedan saturadas.
También es importante revisar muebles, estanterías, artefactos y objetos pesados que puedan caer durante un movimiento.
En una provincia sísmica, la preparación debería formar parte de la cultura cotidiana.
Colombia como advertencia
El terremoto colombiano volvió a demostrar que un movimiento de gran magnitud puede convertirse rápidamente en una emergencia de enormes proporciones.
El sismo de 7,4 volvió a mostrar las consecuencias que puede provocar un gran movimiento cuando impacta sobre zonas habitadas.
Para San Juan, el mensaje no debería ser de miedo.
Debería ser de prevención.
Porque los terremotos forman parte de la naturaleza geológica de esta región y no pueden evitarse. Pero las muertes, los derrumbes y buena parte de las pérdidas materiales sí pueden reducirse mediante mejores construcciones, controles efectivos, planificación urbana, educación y preparación ciudadana.
Como explicó Giuliano, “se puede evitar que un terremoto devenga en una catástrofe”.
El desafío, entonces, no es intentar adivinar cuándo será el próximo terremoto.
El verdadero desafío es llegar a ese día —si alguna vez ocurre un gran evento— con una provincia que haya hecho todo lo posible para que un fenómeno natural no vuelva a convertirse en una tragedia humana.
San Juan ya conoce esa historia. La pregunta es si está suficientemente preparada para no repetirla.




