Los resultados de las pruebas PISA volvieron a instalar las dificultades de comprensión lectora de los estudiantes argentinos. En ese marco, Juan María Segura, asesor, consultor y experto en innovación y gestión educativa, sostuvo que los hábitos de lectura actuales inciden en el desempeño académico.
Segura afirmó que “los estudiantes argentinos leen menos y tienen dificultades para comprender lo que leen”, y vinculó ese cuadro con la menor dedicación al libro como formato de lectura escolar. Según su análisis, la exposición cotidiana a pantallas desplaza el tiempo destinado a textos extensos y complejos, lo que dificulta sostener la atención sobre ese tipo de materiales.
Lectura en pantallas El especialista señaló que gran parte del tiempo de los jóvenes transcurre frente a celulares, redes sociales y contenidos breves, con estructuras gramaticales más simples. En ese contexto, advirtió que “el hábito de leer en pantallas, que es dominante no solo en niños sino también en adultos, atenta contra el desarrollo del cableado neuro cerebral que crea solo un tipo de lectura en particular”. También planteó que esta transformación obliga a repensar cómo se mide la capacidad lectora.
“Tal vez este conflicto nos esté señalando que también se debería medir la habilidad lectora en formatos alternativos diferentes al libro tradicional”, sostuvo. A su criterio, la saturación digital modificó las condiciones en las que se accede a la información y exige nuevas formas de enseñanza, intercambio y lenguaje. En esa línea, consideró que la educación debe adaptarse a esas modalidades para no quedar atada a un esquema previo a internet.
Cambios pedagógicos Segura propuso desarrollar formatos híbridos de lectura, que combinen el texto tradicional con recursos digitales, y darle al lector un rol más activo dentro de la trayectoria narrativa. Además, cuestionó que en Argentina se utilicen cinco métodos distintos de enseñanza de la lectura según cada provincia. Frente a ese esquema, planteó unificar criterios y avanzar hacia el método fonológico, al que atribuyó mayores evidencias científicas de impacto.
Consultado sobre el dato de que casi seis de cada diez estudiantes argentinos no alcanzan el nivel básico de competencia lectora, Segura respondió que se trata de “un problema de mala política pública, y de mal uso de los recursos del Estado”. Recordó, además, que el sistema educativo argentino tiene origen en la Ley 1420, sancionada en 1884, y que fue concebido para construir ciudadanía e identidad nacional. Desde esa perspectiva, dejó abierta una discusión sobre cuánto se parece el sistema actual a uno que pudiera diseñarse desde cero para esos mismos fines.




