Seis hermanos de Misiones, de entre 2 y 12 años, comenzaron a vivir juntos con una pareja de Pilar después de permanecer más de dos años en un hogar de Leandro N. Alem.
La situación se resolvió tras un proceso de adopción que tuvo como eje la permanencia del grupo unido, una condición que los chicos defendieron durante toda la espera.
La mudanza se concretó el 3 de junio, cuando emprendieron el viaje hacia Buenos Aires junto a Marcos y Estefanía.
Para el sistema de protección de niñez, el caso refleja las dificultades que suelen aparecer cuando se busca una familia dispuesta a recibir a varios hermanos al mismo tiempo.
Durante el tiempo que pasaron en el hogar, la posibilidad de una adopción estuvo atravesada por el temor a una separación parcial.
La hermana mayor, de 12 años, fue la que más insistió en mantener unido al grupo, según el relato difundido sobre el caso.
La Justicia realizó dos convocatorias para encontrar una familia que aceptara a los seis hermanos, pero no obtuvo resultados.
Ese antecedente explica por qué la definición del vínculo con Marcos y Estefanía tuvo un alcance mayor que una adopción individual: implicó sostener una unidad familiar que los propios chicos reclamaron preservar.
Proceso de vinculación
La pareja de Pilar conoció la historia a través de la convocatoria pública y decidió presentarse. A partir de allí se inició el proceso de vinculación, que incluyó un viaje a Misiones para conocer a los chicos.
Luego de avanzar en esa instancia, llegó el momento de la convivencia definitiva. La información disponible no detalla plazos judiciales adicionales ni el estado procesal posterior, pero sí confirma que la integración familiar ya está en marcha.
Una casa para ocho
La llegada a Pilar modificó por completo la dinámica del hogar. La vivienda, que hasta entonces estaba habitada por dos personas, pasó a recibir a ocho integrantes.
El cambio implicó nuevas rutinas, juegos y un período de adaptación propio de una familia que empieza a construir vida cotidiana.
En ese marco, la hermana mayor dejó de asumir únicamente un rol protector y comenzó a transitar una convivencia en la que también puede ocupar el lugar de hija, mientras los más pequeños se adaptan a su nueva casa y a sus nuevos vínculos.

Desafíos pendientes
Marcos y Estefanía sostienen que el vínculo con los seis hermanos se consolidó rápidamente y que desde el inicio los sienten como sus hijos.
También recibieron colaboración de familiares, amigos y personas de su entorno durante esta etapa inicial. Entre los desafíos concretos que quedan por resolver figura la necesidad de conseguir un vehículo que permita trasladar cómodamente a los ocho integrantes.

La evolución de esta nueva vida familiar dependerá ahora de la adaptación cotidiana y de los apoyos materiales que requiere un hogar de esas dimensiones.
El caso quedó definido después de más de dos años de espera y de dos convocatorias judiciales sin éxito. Con la convivencia ya iniciada, la variable a seguir es la consolidación del vínculo y la respuesta a las necesidades prácticas del grupo, en especial el traslado y la organización diaria de una familia que pasó de dos a ocho integrantes.




