En Las Tierritas, localidad de Albardón, se levantó una capilla dedicada a la Virgen de la Carrodilla a partir del esfuerzo de vecinos que aportaron trabajo y materiales de la zona. La construcción comenzó en 2000 y tuvo su inauguración formal en 2001, según la información difundida junto con las fotografías de Eladio Olmos, lector de este medio.
La iniciativa buscó dar a la patrona de los viñedos un espacio propio y, al mismo tiempo, reflejar la identidad vitivinícola de la localidad. El templo se convirtió en un punto de referencia para la comunidad, tanto por su uso religioso como por la forma en que fue concebido. La obra no respondió a un encargo institucional sino a una decisión colectiva de los habitantes del lugar.
Un diseño singular
El diseño estuvo a cargo de Juan Diapolo, viticultor y escultor albardonero, quien proyectó una estructura de apariencia particular. Desde lejos, la capilla puede confundirse con un barco, mientras que su forma de abanico y sus tres niveles interiores escalonados le dan rasgos de pequeño anfiteatro. Esa configuración la distingue de otras construcciones religiosas de la zona.
Los materiales también remiten al entorno productivo de Albardón. Los sarmientos de vid forman parte de la construcción, la piedra travertino aparece en el altar y el techo combina cañizo con una cruz hecha a partir de un tronco de cepa. En la entrada, una inscripción en madera da la bienvenida con la frase: “Bienvenidos a Tierritas, cogollito de alelí, bajo el amparo de La Carrodilla, este pueblo es feliz”.
Uso comunitario
La capilla reemplazó a la imagen que antes estaba en una gruta junto al puesto sanitario y pasó a concentrar la vida religiosa del lugar. Desde entonces, los vecinos organizaron celebraciones, bautismos, comuniones y casamientos, además de turnarse para su cuidado y mantenimiento. La construcción dejó de ser solo un templo y pasó a funcionar como un espacio de encuentro para la comunidad.
El valor del edificio no está solo en su arquitectura, sino en el proceso que lo hizo posible. La obra quedó asociada a la participación vecinal y a la tradición vitivinícola del departamento, dos elementos que explican por qué la capilla se convirtió en un punto de referencia de Las Tierritas. La historia sigue ligada a su uso cotidiano y a la conservación de los detalles originales por parte de quienes la impulsaron.




