El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) EEA San Juan desarrolla líneas de investigación orientadas a la vitivinicultura regenerativa y a la creación de nuevas variedades de uva sin semilla para pasas y consumo en fresco, en un contexto de baja del consumo interno y acumulación de stocks en el sector. El equipo es encabezado por Beatriz Pugliese, doctora en Agronomía y coordinadora de investigación en viticultura del organismo, junto a Daniela Pacheco, licenciada en biología y especialista en fisiología vegetal y ecofisiología. Ambas expusieron el estado de estos proyectos en el programa "Al pan pan y al vino vino", que se emite los martes a las 21 por Tiempo Streaming. El trabajo incluye capacitaciones y ensayos de campo destinados a diversificar la matriz productiva provincial.
Uvas sin semilla, sin regalías
Argentina dependía históricamente de variedades extranjeras para uva de mesa y pasas, lo que implicaba el pago de royalties por derechos de propiedad intelectual y porcentajes anuales sobre la producción, según explicaron las investigadoras. Para revertir esa situación, el INTA lleva adelante desde hace años un programa de mejoramiento genético que ya permitió registrar oficialmente nueve variedades locales libres de virus y exentas de regalías: tres blancas, tres rosadas y tres negras, todas sin semillas. Según datos del INTA, actualmente hay unas 100 hectáreas implantadas distribuidas en Mendoza, San Juan, la Patagonia, Santiago del Estero, La Rioja y Catamarca. El desarrollo de cada variedad demanda entre 15 y 20 años, mediante hibridación por castración de flores femeninas, polinización dirigida y rescate de embriones en laboratorio antes de que mueran de forma natural, ya que las uvas sin semilla poseen embriones que no completan su maduración.
Nuevas variedades en camino
El INTA se encuentra en trámite de inscripción de cuatro nuevas variedades exclusivas para pasas, entre ellas una de cosecha extremadamente temprana, prevista para fines de diciembre o principios de enero, según indicaron las investigadoras. La variedad Serena INTA, de buen desempeño tanto para consumo en fresco como para pasas, ya fue vendida a Australia y se encuentra en proceso de registro en California, de acuerdo con lo informado por el organismo.
Viticultura regenerativa
El proyecto de viticultura regenerativa y agroecológica, que el INTA desarrolla junto a la Universidad Nacional de San Juan, comenzó en 2019 a partir de una inquietud planteada por el grupo Peñaflor, cuyos análisis de suelo detectaron acumulación de residuos de pesticidas y glifosato en un escenario donde los márgenes económicos ya no admitían más aumentos en costos de agroquímicos. "El mundo está pidiendo una materia prima que sea sana", señalaron las investigadoras. Un equipo interdisciplinario integrado por biólogos, entomólogos, edafólogos y especialistas en flora nativa realizó un relevamiento biológico en los valles de Pedernal, Calingasta, Iglesia, La Ciénaga y Tulum.
El relevamiento identificó el valor de los montes nativos como refugio de insectos benéficos que actúan como depredadores naturales de plagas de la vid, lo que permite prescindir de insecticidas químicos. Asimismo, mantener coberturas de vegetación espontánea o compost incrementa la biodiversidad del suelo, la materia orgánica y la respiración del suelo, lo que optimiza de forma natural el ciclo de nutrientes y la absorción de agua, según detallaron las especialistas.
Sustentabilidad integral
A partir de estándares internacionales adaptados a la realidad argentina, el equipo del INTA desarrolló indicadores multidimensionales que evalúan el impacto ecológico, económico y sociocultural de las prácticas agrícolas, incluida su influencia en la calidad de vida y los costos de producción. Las investigadoras remarcaron que el concepto de sustentabilidad es más amplio que el de cultivo orgánico, ya que este último se limita a certificar insumos no sintéticos mediante auditorías privadas aranceladas, mientras que la sustentabilidad abarca el paisaje, la rentabilidad económica y el tejido social del viñedo. Esto permite que bodegas locales certifiquen bajo el Protocolo de Sustentabilidad de Bodegas de Argentina e incorporen códigos QR en sus etiquetas para validar ese compromiso.
Sistemas de conducción
Bajo la dirección de Daniela Pacheco desde el área de ecofisiología, otra línea de trabajo apunta a reducir los costos de producción mediante sistemas de conducción de la vid completamente mecanizables. Entre ellos, el INTA prueba el cordón bilateral con poda a pitones, el box pruning o poda en caja, que da forma al follaje a distancia fija del alambre, y la poda mínima, en la que la planta no se poda. Según las investigadoras, estos sistemas reducen de forma significativa la mano de obra y los costos operativos sin afectar los rendimientos ni la calidad organoléptica de los vinos. Los primeros ensayos se realizaron con la variedad Cereza, tradicionalmente destinada a mosto, y arrojaron buenos resultados de color y polifenoles al vinificarla, por lo que el equipo extendió la metodología a la variedad Malbec.
El INTA realizó recientemente microvinificaciones de laboratorio y una primera cata organoléptica con la participación de especialistas del Consejo de Enólogos, en la que se compararon los vinos obtenidos con los distintos sistemas de conducción y con los ensayos de viticultura regenerativa, es decir, suelos con cobertura espontánea frente a suelos tradicionales tratados con herbicidas. Datos a seguir: el organismo continúa el proceso de inscripción de las cuatro nuevas variedades para pasas y el seguimiento de los ensayos comparativos entre sistemas de conducción y prácticas de manejo de suelo en la variedad Malbec.




