El Museo Histórico Provincial Agustín V. Gnecco tiene una particularidad: su historia no comenzó con un decreto ni con una fecha fundacional precisa. Nació mucho antes, en la curiosidad y la pasión de un hombre que desde muy joven comenzó a reunir objetos que, con el paso del tiempo, terminarían formando una colección extraordinaria.
En el marco de un nuevo natalicio de Agustín V. Gnecco, su nieta María Julia repasó el origen de la institución y destacó que la historia del museo está directamente ligada a la vida de su creador.
“El museo no surge un día determinado, no surge por un decreto, es consecuencia de un proceso”, explicó. Gnecco era un apasionado de la historia, un gran lector y un verdadero humanista. Comenzó a coleccionar cuando tenía apenas 12 años, en una época en la que debió trabajar luego de quedar sin padre para ayudar a su madre.
Fue precisamente durante uno de esos trabajos cuando encontró una pequeña moneda inglesa. Ese objeto despertó aún más su interés y se convirtió en el punto de partida de una pasión que lo acompañaría durante toda su vida.
Con los años, aquella colección fue creciendo hasta alcanzar dimensiones extraordinarias. Ya durante la última década del siglo XIX, Gnecco había reunido una enorme cantidad de piezas y comenzaba a darle forma a lo que finalmente sería un museo.
Por eso, para María Julia, hablar del aniversario del museo implica necesariamente recordar el nacimiento de su abuelo. “Museo y creador son dos cosas indisolubles, porque gracias a esa persona nació el museo”, señaló.
Una colección imposible de contar
La magnitud de la colección reunida por Gnecco hace prácticamente imposible establecer con precisión cuántas piezas llegó a reunir.
“Las piezas nunca se contaron porque es una colección tan vasta que es imposible contarla”, explicó su nieta.
Cuando la colección todavía estaba completa, antes de ser dividida, fue necesario utilizar 12 vagones de ferrocarril para trasladarla luego de la muerte de su creador. Entre los objetos había piezas de grandes dimensiones, incluso una carreta.
La historia de la colección tuvo un punto de inflexión después del fallecimiento de Gnecco y, posteriormente, del terremoto de 1944. La casa donde se encontraba parte del acervo sufrió las consecuencias del desastre y terminó cayendo.
Fue entonces cuando el padre de María Julia, Anavadro, uno de los hijos de Gnecco, tomó la decisión de trasladar una parte de la colección a Buenos Aires. Existieron tratativas para que el Gobierno de San Juan se hiciera cargo del museo, pero finalmente no se alcanzó un acuerdo.
Luego de gestiones con Enrique Udaondo, quien estaba al frente del Museo de Luján, unas 10.000 piezas, entre ellas las de mayor tamaño, fueron trasladadas a Buenos Aires.
El regreso a San Juan
La historia tendría luego otro capítulo fundamental: el regreso de la colección a San Juan.
Durante el gobierno de Américo García se logró recuperar parte de la colección para la provincia, aunque la instalación no fue sencilla. Conseguir un edificio adecuado llevó tiempo, hasta que finalmente el museo pudo funcionar en el antiguo edificio de la Escuela Normal San Martín.
Allí tuvo una etapa de gran desarrollo, hasta que posteriormente fue trasladado a su actual ubicación, en Mitre 869 Oeste.
Para María Julia, el valor del museo excede ampliamente el de una simple colección de objetos antiguos. Sus diferentes secciones permiten reconstruir no solamente la historia pública, sino también la vida privada y cotidiana de los sanjuaninos.
Objetos de diferentes materiales y características permiten observar cómo trabajaban hombres y mujeres durante la época colonial y comprender distintos aspectos de la vida de quienes habitaron esta tierra.
“Todas las piezas son importantes”
Frente a la posibilidad de señalar cuál es la pieza más importante de la colección, María Julia es contundente: no existe una sola.
“No hay una pieza importante, todas las piezas son importantes. Tienen un sentido orgánico, antropológico”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que cada objeto forma parte de un relato mayor: el de la vida y la historia de San Juan.
“Todas las piezas hacen un relato de la vida de San Juan, de la historia de San Juan”, expresó, al tiempo que remarcó la necesidad de que los sanjuaninos conozcan el museo y comprendan el valor de ese patrimonio.
“Es una necesidad y un deber conocer este museo”, afirmó. Y agregó que es necesario seguir trabajando para que la institución pueda estar en mejores condiciones y recuperar el protagonismo que merece.
“El museo es mi segunda casa”
El vínculo de María Julia con la institución trasciende lo familiar. Para ella, el museo forma parte de su propia historia.
“Para mí el museo es mi segunda casa, esa colección la tengo en mi corazón”, confesó.
Su deseo es poder verlo en mejores condiciones y, especialmente, volver a imaginarlo en aquel edificio histórico de la Escuela San Martín que, según sus palabras, “respiraba historia”.
En su relato también reivindicó el esfuerzo de su abuelo, quien llegó solamente hasta cuarto grado de la escuela pero construyó, a través de su pasión, sus lecturas y su dedicación, una obra cultural de enorme dimensión.
“Es el esfuerzo de Agustín Gnecco que invirtió su vida en esto”, destacó.
También recordó la lucha de su padre, quien durante años intentó conseguir un lugar digno para preservar la colección. Según relataba él mismo, pasó mucho tiempo recorriendo los pasillos de la Casa de Gobierno en busca de una solución definitiva.
Una preocupación que comenzó hace más de un siglo
El reclamo de Gnecco por garantizar el futuro de su colección no es nuevo. María Julia recordó que ya en 1909 su abuelo estaba preocupado por lo que ocurriría con todo lo que había reunido cuando él ya no estuviera.
Intentó entonces alcanzar un acuerdo con el Gobierno para que se hiciera cargo de la colección, pero nunca logró concretarlo.
Más de un siglo después, esa preocupación continúa atravesando a su familia.
“Mi abuelo no puede descansar en paz. Él estaba preocupado desde 1909 por el fin de la colección cuando él no estuviera”, manifestó María Julia.
Y cerró con una reflexión cargada de emoción: “Don Agustín no pudo resolver eso y siento que tanto mi abuelo como mi padre están esperando que esto se consiga de manera definitiva”.
A 169 años de su nacimiento, la figura de Agustín V. Gnecco permanece así estrechamente ligada a una institución que nació de su curiosidad y terminó transformándose en un patrimonio de todos los sanjuaninos. Un museo que no solamente conserva objetos, sino que guarda, pieza por pieza, parte de la memoria de una provincia.




