El ingreso de una camioneta 4x4 a la Pampa del Leoncito, ocurrido la noche del sábado de la semana pasada, generó repercusión fuera de Argentina y fue abordado por medios de España como Mundiario, El País y RTVE. En sus coberturas, reprodujeron las declaraciones del portavoz de Greenpeace España, Miguel Ángel Soto, quien definió el hecho como una intervención prohibida en un entorno que, por sus características, debería permanecer al margen de cualquier alteración mecánica.
La evaluación del episodio apunta a una afectación de fondo sobre un ecosistema endorreico particularmente sensible. RTVE describió la Pampa del Leoncito como una llanura de 12 kilómetros de largo por 3 de ancho, integrada por limos y arcillas, y remarcó que fue dañada por la imprudencia de un conductor. Soto sostuvo que se trata de una cuenca sin salida al mar, donde la acumulación de sedimentos y agua configura un verdadero laboratorio natural, con microorganismos, bacterias, plantas y animales que podrían haber quedado alterados de manera irreversible por la tracción mecánica.
El caso involucra al médico Agustín Añó, quien ingresó a la planicie junto con su hijo y transportaba además una moto de enduro, de acuerdo con las actuaciones judiciales en las que figura como investigado. La difusión internacional del episodio también puso en primer plano la fragilidad del lugar y el alcance potencial del daño, que según Mundiario podría extenderse durante varias generaciones.
Más allá del impacto ambiental, la repercusión alcanzó a dos usos estratégicos del área: el científico y el deportivo. La Pampa del Leoncito alberga observatorios astronómicos gracias a sus cielos libres de contaminación lumínica y, al mismo tiempo, es escenario del carrovelismo, una actividad que depende de una superficie lisa y uniforme. Una huella de neumáticos sobre ese terreno no solo compromete la pista natural, sino que también afecta el atractivo paisajístico que sostiene parte de su valor turístico.
La situación del vehículo refleja la complejidad del caso. La camioneta quedó enterrada unos 25 centímetros tras avanzar sobre la planicie y, a más de una semana del episodio, sigue en el lugar. La Justicia resolvió no retirarla de inmediato por las condiciones del terreno y por el riesgo de agravar el daño durante la extracción, dado que se encuentra a aproximadamente un kilómetro y medio del acceso. La causa continúa en el Juzgado de Paz de Calingasta, donde Añó se presentó ante el juez Andrés Troche, fijó domicilio y realizó su descargo. Por ahora, permanece en libertad mientras avanzan las actuaciones.




