En Barreal, departamento Calingasta, Cordillerano Athletic Club pasó en menos de dos años de ser una iniciativa de entrenamiento a reunir cerca de 80 chicos, jóvenes y adultos. El proyecto, encabezado por Jorge “Toti” Suárez, comenzó el 6 de marzo de 2024 con más de 40 jugadores en su primera convocatoria. La expansión lo ubicó como una referencia deportiva y social en la localidad, con categorías que van desde los 4 años hasta Primera y Veteranos.
La propuesta surgió, según el relato del club, como un espacio de formación deportiva y contención. En su arranque, el equipo no contaba con indumentaria propia y recibió camisetas y pecheras prestadas por Centro Calingasta para competir en la liga infantil. Un mes después, con el aporte de familias y sponsors, el club consiguió su primera camiseta. Ese recorrido explica el crecimiento de una institución que hoy sostiene una estructura con equipos de 4 y 5 años, octava, séptima, sexta, Reserva, Cuarta, Primera y Veteranos.
Formación y contención Suárez sostuvo que la base del proyecto son los niños y que el trabajo no se limita al entrenamiento futbolístico. El club reúne alrededor de 12 profesores y sumó talleres de nutrición, además de acompañamiento para detectar problemas de conducta y trabajar la gestión de las emociones. También ofrece becas para chicos que no pueden pagar la cuota, aunque condicionadas al compromiso con la conducta, la escuela y el acompañamiento familiar. La estructura, de acuerdo con lo expuesto por el dirigente, apunta a combinar práctica deportiva con seguimiento social y educativo.
Regularización institucional El club está próximo a obtener su Personería Jurídica, trámite que Suárez considera clave para acceder a subsidios y gestionar formalmente ante organismos deportivos y autoridades. La fecha de fundación oficial quedó establecida para el 12 de noviembre y la entidad espera completar ese proceso durante este mes. Mientras tanto, el crecimiento obligó a buscar espacios: primero administraron el Camping de UDAP, donde mejoraron la cancha de fútbol 7, el buffet y los baños, y luego se trasladaron a un predio cedido por Hugo Gallardo, exjugador de veteranos, que bautizaron “El Potrero”.
Proyección y recursos La camiseta verde se transformó en una marca de identidad del club y, según Suárez, también remite a Sportivo Desamparados, institución que le abrió las puertas de un vestuario federal cuando tenía 18 años. El proyecto ya proyecta sumar futsal, sostener la competencia local y, si aparece la posibilidad, participar en una Copa de Campeones. Además, existe la intención de organizar un viaje anual con los chicos a Carlos Paz. El objetivo de fondo sigue siendo el mismo: conseguir un terreno y una cancha propia para consolidar la actividad en Barreal.
Origen del proyecto Suárez explicó que la iniciativa nació a partir de la llegada de su hijo Felipe. Según relató, no tuvo en su infancia la posibilidad de formarse en una escuelita de fútbol y quiso que su hijo sí la tuviera. Desde esa experiencia familiar se construyó un club que hoy articula deporte, pertenencia y formación en una localidad del interior de San Juan. La variable inmediata a seguir es la obtención de la personería jurídica y la continuidad de la expansión institucional.




