El terremoto que sacudió a Colombia volvió a poner en discusión una inquietud recurrente cada vez que se registran sismos fuertes en distintos puntos del planeta: si la Tierra está temblando con mayor intensidad o frecuencia que antes.
La respuesta de Víctor Ramos, geólogo, profesor emérito de la UBA e investigador emérito del Conicet, fue tajante: no hay evidencia de una anomalía global. En ese marco, los terremotos ocurridos en los últimos meses en Colombia, Venezuela, Japón, Filipinas y México no deben leerse como parte de una misma secuencia ni como una señal de alarma común.
“La Tierra está palpitando continuamente”, explicó el especialista a MDZ, al remarcar que la sucesión de movimientos sísmicos responde a dinámicas geológicas diferentes y no a un incremento excepcional de la actividad planetaria.
Ramos señaló que, al observar períodos de varias décadas, es habitual que se produzcan varios terremotos de gran magnitud por año. Desde esa perspectiva, la acumulación de episodios en un lapso corto no implica necesariamente un cambio estructural en el comportamiento del planeta.
La percepción social, sin embargo, sí cambió. La tecnología permite detectar y difundir casi en tiempo real movimientos que antes podían pasar inadvertidos para gran parte de la población. Ese acceso inmediato a la información, sumado a mejores técnicas de detección, amplifica la sensación de frecuencia y magnitud.
“La cobertura en tiempo real que tenemos actualmente gracias a las comunicaciones, junto a las mejores técnicas de detección, produce en la población una gran frecuencia de sismos”, explicó Ramos.
El especialista también diferenció los casos de Colombia y Venezuela. En el primero, el fenómeno está vinculado con la losa oceánica del Pacífico, que se hunde hacia el este por debajo de América del Sur y produjo un desgarre a más de 105 kilómetros de profundidad. En el segundo, la dinámica responde al movimiento de la Placa del Caribe, que genera fracturas más superficiales.
La distinción es relevante porque impide interpretar los sismos cercanos en el tiempo como parte de un mismo proceso. Aunque ocurran en fechas próximas y a grandes distancias entre sí, no necesariamente comparten origen ni consecuencias geológicas directas.
Ramos fue igual de claro al descartar que un terremoto fuerte sirva para anticipar otro de mayor magnitud. “No hay relación y no pueden ser usados para predecir uno de mayor magnitud”, afirmó. Según explicó, lo que suele ocurrir es que un sismo importante libera la tensión acumulada durante décadas y luego aparecen réplicas, generalmente menores.
En consecuencia, el terremoto de Colombia no constituye, para el investigador, una señal de que otro gran evento esté por producirse en otra parte del planeta. Los movimientos registrados en los últimos meses obedecen a procesos geológicos distintos, mientras que la impresión de una mayor actividad sísmica se explica, en buena medida, por la capacidad actual de detectar, registrar y comunicar estos fenómenos de manera inmediata.



