La soledad abrió en China un mercado de servicios de compañía y asistencia personal que se expande entre adultos mayores y jóvenes. La demanda incluye ayuda cotidiana, acompañamiento médico y contención emocional, en un contexto de aislamiento y redes de apoyo más débiles.
Uno de los casos mencionados por la BBC es el de Yang, una mujer de 91 años que vive en las afueras de Pekín. Tras la muerte de su marido, dijo que el aislamiento llegó a ser tan קשה que pensó en la eutanasia voluntaria, mientras que el glaucoma deterioró su visión y le complicó tareas básicas. Su situación cambió cuando conoció a Wang Yingwei, un emprendedor que dirige un pequeño equipo dedicado a llevar comidas y asistir a personas mayores en sus hogares.
Asistencia cotidiana
El equipo de Yingwei comenzó visitando a Yang dos veces por día para llevarle alimentos calientes, pero luego amplió sus tareas. Además de la comida, se ocupan de resolver problemas domésticos, reparar dispositivos y facilitar actividades que las personas mayores ya no pueden realizar por sí mismas. El emprendedor explicó a la BBC que su trabajo consiste en ponerse en el lugar de cada persona y atender sus necesidades. Entre las soluciones que mencionó figuran instalar un sistema de filtrado de agua y reparar un aparato que impedía usar la ducha.
Según el informe, estos servicios cuestan menos de la mitad que contratar a un cuidador. Yingwei dijo que la iniciativa surgió después de una experiencia personal: había trabajado como vendedor de teléfonos móviles, pero decidió crear su empresa cuando su suegro, que padecía alzhéimer, ingresó en una residencia cuyas condiciones consideró deficientes. Actualmente, su emprendimiento cuenta con cuatro empleados y, según su proyección, podría crecer a medida que aumente la demanda.
Un mercado en expansión
Aunque todavía faltan datos fiables para dimensionar toda la industria, el sector registra un crecimiento que despertó interés comercial. Según una valoración de la firma de valores Sinolink, citada por la BBC, el mercado alcanzó unos US$7.400 millones en 2025, con perspectivas de expansión vinculadas a cambios en los estilos de vida. La necesidad de compañía no se limita a las personas mayores: también aparecen jóvenes que recurren a estos servicios para atravesar momentos de vulnerabilidad o soledad.
Entre ellos está Zheng Ruizhi, de 75 años, que también recibe asistencia de Yingwei. Su hijo vive a dos horas de distancia y, después de jubilarse, disminuyeron sus oportunidades de socializar; además, una lesión reciente le dificultó las tareas diarias. La mujer dijo que las visitas le dan tranquilidad y confianza, y destacó que la ayuda le permite afrontar sus dificultades con menos preocupación.
Compañía y límites claros
La oferta también alcanza a personas más jóvenes. Liu Yanyan, de 23 años, trabaja como acompañante médica en Pekín y acompaña a pacientes a consultas, retira medicamentos y recoge resultados de estudios en hospitales. Sus clientes incluyen jóvenes que se mudaron a la capital por trabajo y no tienen una red de apoyo cercana, así como personas que prefieren pagar por el servicio para no quedar en deuda con amigos o compañeros.
La actividad incluye incluso excursiones y actividades recreativas. Wang Zhoutao, exsoldado, organiza salidas por la montaña Huangshan y acompaña a quienes necesitan motivación durante la caminata, además de ofrecer conversación y apoyo emocional. Para Teresa Kuan, profesora asociada de la Universidad China de Hong Kong, el aislamiento se relaciona con migraciones internas y con las dificultades para construir vínculos estables en ciudades cada vez más exigentes. La especialista señaló que pagar por compañía puede resultar atractivo porque fija límites y expectativas claras, a diferencia de una amistad convencional.
En el caso de Yang, el acompañamiento tuvo un efecto concreto: después de resolver los problemas domésticos que complicaban su vida diaria, aseguró que logró superar buena parte de la soledad que sentía. La experiencia resume una tendencia que, según el informe, combina envejecimiento, cambios urbanos y una demanda creciente por servicios que convierten la conexión humana en una actividad remunerada.




