Desde el comienzo, el equipo sanjuanino manejó el balón y buscó instalarse en campo rival. Pero tener la pelota no significa necesariamente ser mejor. A San Martín le faltó profundidad, velocidad y, sobre todo, claridad en los últimos metros. El control fue casi siempre estéril.
Patronato encontró la ventaja rápidamente. A los 3 minutos, un pelotazo largo tomó mal parada a la defensa sanjuanina y Renzo Reinaga aprovechó la lentitud de los centrales para quedar mano a mano con Días Robles y definir.
San Martín reaccionó y siguió teniendo el control del juego. A los 22 minutos, todo era del Verdinegro en cuanto a posesión, pero nuevamente aparecía el mismo problema: la pelota circulaba, pero el arco entrerriano quedaba demasiado lejos.
La mejor aproximación llegó a los 36 minutos, cuando Rossi apareció por izquierda, aunque no pudo definir de buena manera.
Y cuando parecía que San Martín podía llegar al empate antes del descanso, volvió a aparecer el déficit defensivo. A los 40 minutos, otro pelotazo largo encontró a Renzo Reinaga, que le ganó la carrera a los defensores y definió cruzado antes de ingresar al área para marcar el 2-0.
Dos ataques, dos golpes.
El segundo tiempo fue todavía más tibio. San Martín siguió manejando la pelota, pero sin generar peligro real sobre el arco de Patronato. La circulación se volvió previsible y el equipo no encontró variantes para romper el bloque local.
A los 28 minutos, además, llegó la expulsión de Sebastián González, en una decisión de Juan Pablo Loustau que dejó mucha disconformidad en el conjunto sanjuanino.
Patronato terminó de sentenciar el partido a los 43 minutos. Tomás Attis apareció de cabeza después de un centro desde la derecha y encontró a una defensa que volvió a mirar la jugada en lugar de reaccionar, para establecer el 3-0 definitivo.
San Martín se quedó con la pelota, pero Patronato se quedó con el partido.
Y esa es quizás la mayor preocupación que deja la derrota: el Verdinegro controló el balón, pero no controló el partido. Le faltó profundidad para atacar y concentración para defender. Los errores de los centrales fueron demasiado infantiles para un equipo que pretende pelear arriba y, ante un rival que supo aprovecharlos, terminaron siendo determinantes.
La derrota deja además una sensación difícil de disimular: San Martín tuvo iniciativa, pero no tuvo respuestas cuando el partido le exigió juego, contundencia y solidez defensiva.




