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Lunes, 21 de Mayo de 2018 | San Juan | Argentina

 

A 36 años del hundimiento del Crucero General Belgrano

“Vi desde la balsa cómo se hundía el barco donde yo vivía”

El sanjuanino Manuel Vicente Tapia, hoy de 71 años, fue uno de los sobrevivientes de la tragedia. Cuenta que aún sufre por no haber podido salvar al padrino de su hijo que murió ese día.

Martes, 01 Mayo 2018 23:00

 

Se conmemoran hoy 36 años del hundimiento del Crucero General Belgrano, ocurrido en 1982 aproximadamente a las 16, en la latitud 55°24´S y longitud 61°32´W, fuera de la zona de exclusión establecida por Gran Bretaña desde el inicio de la guerra por las Islas Malvinas.La nave fue atacada por el submarino nuclear inglés HMS Conqueror y en su casco impactaron dos torpedos que provocaron su hundimiento en menos de una hora y ocasionaron la muerte de 323 tripulantes, casi la mitad de los caídos argentinos en el conflicto bélico del Atlántico Sur, que se cobró la vida de 649 combatientes argentinos.De los 1.093 tripulantes del buque, sólo 740 fueron rescatados con vida luego de permanecer casi tres días en sus balsas, a la deriva, en las heladas aguas del Atlántico sur. Es considerado por muchos como un crimen de guerra porque la nave fue atacada cuando se encontraba fuera del área de exclusión de 150 millas alrededor de las islas, que había sido impuesta unilateralmente por los ingleses.Aquel 2 de mayo,  la  primera ministra británica Margaret Thatcher ordenó torpedear y hundir al Crucero General Belgrano. En cumplimiento de esa orden, a las 15.57 de ese 2 de mayo, Wreford-Brown, a una distancia de aproximadamente 1.400 yardas, hizo disparar dos torpedos MK-8, con una carga explosiva de 365 Kg-Tórpex cada uno de ellos, contra el crucero. Diez minutos más tarde, el comandante del Crucero decidió que no se podía hacer otra cosa que dar la orden de abandonar el barco. Entonces se lanzaron 70 balsas autoinflables, que podían contener veinte hombres cada una. Los techos anaranjados de las balsas parecían un collar rodeando al buque para protegerlo.

Ese día, el sanjuanino, oriundo de Rawson, Manuel Vicente Tapia, hoy de 71 años, uno de los tripulantes del Belgrano, Cabo Principal Maquinista, estaba a cargo de las turbinas en la zona de la proa, cuatro cubiertas por debajo del agua. En ese momento estaba de guardia. Desde las 12 hasta las 16 era uno de sus turnos. Aguardaba el relevo que nunca llegó porque se quedó dormido. De repente, sintió un impacto fuertísimo. Eran los torpedos del submarino que estaba atacando. “Estábamos equipados con linternas y ropa abrigada, preparados para un eventual enfrentamiento con aviones o buques ingleses”, contó.“El Crucero General Belgrano tenía armamento propio, disponible para cualquier eventualidad y la tripulación estaba muy bien adiestrada, el problema es que nos atacaron sin que supiéramos, no tuvimos tiempo de correr a nuestros puestos de combate ni de ayudar a todos los que se quedaron encerrados y no podían salir como lo hice yo por unas bocas de emergencia que conducían al exterior”, destacó Tapia. Explicó que “el Crucero era un peligro para los ingleses por sus cañones con gran poder pero no tenía radar y no podía detectar a nadie abajo del agua, y los ingleses navegaban a una profundidad para no ser detectados”. “Estaba en máquinas, luego vino el griterío y la gente que salía quemada con la ropa destrozada y muchos, rengueando. Llegué hasta cubierta y ya estaban dando órdenes de abandonar el buque y subirse a las balsas que tenían capacidad para 20 hombres y varias sobrepasaban ese límite”, agregó. “Tuve la suerte, gracias a Dios, que en mi balsa éramos menos de 20 y sin ningún herido. Ahí fue cuando vi con mis propios ojos cómo se hundía el barco donde yo vivía, el barco que me dio tanto bienestar, veía cómo se lo iba tragando el agua y nosotros atinábamos únicamente a cantar el Himno nacional y pedir a Dios que nos ayude”. “El 2 de Mayo no existo, no prendo la televisión, ni la computadora. Me duele mucho porque se murió el padrino de mi hijo mayor; a pesar que era buzo, la tragedia lo encontró descansando en su cama y nunca supo lo que había pasado. Su nombre era Carlos Humberto Banegas. Lo busqué por todos lados, le decíamos el ciego Banegas porque usaba lentes, estábamos muy desorientados, creíamos que nos iban a atacar de nuevo con aviones mientras abandonábamos el barco”, dijo emocionado.“Cuando un barco se hunde hace que el agua se arremoline alrededor y se produzca una succión que genera un vacío que se llena con todo lo que encuentra en su camino. En cambio el Crucero Belgrano fue fiel a su tripulación y se fue hundiendo lentamente y ni siquiera hizo un remolino, no arrastró a nadie”, finalizó con lágrimas en los ojos.

Francisco Lathi

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