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21 Febrero 2018
Miercoles, 21 de Febrero de 2018 | San Juan | Argentina

 

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“Nadie me ata las manos para hacer el bien”

La hermana Lucía hace 35 años que misiona en el Centro de África, sobre todo en El Congo. Cuenta que en ese país, la Iglesia tomó el lugar del pueblo. “Tenemos un gobierno muy malo que no se encarga de la educación y la salud”. En su visita a San Juan, busca almas generosas que puedan apadrinar a un chico para que pueda ir a la escuela.

Jueves, 05 Enero 2017 18:10

 

Los caminos de la vida llevan a la persona a distintos lugares y en ellos la misión de Dios se comporta de manera similar. Es el ejemplo de esta religiosa salteña, Lucía Camperos, que a los 12 años emigró de su provincia para irse al convento. En su vida religiosa de más de 65 años, el camino la trajo a San Juan, donde fue directora del Colegio María Auxiliadora, donde se alberga en estos días que visita a San Juan. “Cuando vuelvo me encuentro en mi casa”, sonríe y de la religiosa sale una mirada buena y transparente que llega al alma. Saleciana, hija de María Auxiliadora, encontró en el Congo, su lugar en el mundo, gracias al mandato que le dio la Iglesia.
Antes de ello, durante el periodo de 1970 al 1975 fue directora del Colegio de María Auxiliadora en San Juan, donde ganó amigos que hoy son parte de su corazón. Cuenta que llegó en 1983 a África, Ruanda, donde estuvo ocho años. “En ese lugar vi todo el furor de la guerra y gracias a Dios en el 1992 me cambiaron a Congo. Gracias a otras funciones que tuve que hacer en El Congo me evitaron el genocidio del 1994”.
Las cosas se las toma con humor y con ello hace que la vida sea más pasajera. Es con lo que puede amenizar la dura situación que vive el pueblo donde ella misiona. “Yo quiero mucho al Congo, soy feliz donde estoy, porque nadie me ata las manos para hacer el bien”, detalla a modo de reflexión, cuando remarca que en ese país, la educación es privada y la gente tiene que pagar para alfabetizarse. Para esto tienen que pagar desde los 15 o 20 dólares en las escuelas comunes de alrededores por mes y hasta 400 dólares en la escuela belga. Agrega que “la iglesia tiene una misión muy importante en la sociedad, pues ocupa el lugar del pueblo, porque el pueblo está con las manos atadas. Tenemos un gobierno muy malo, que aunque se le cumplió el tiempo quiere seguir en el poder. Por las últimas noticias que tengo ha conseguido una prórroga de un año para continuar en el poder”, el único objetivo es que prepare las elecciones democráticas para fines de 2017”. Ante este acuerdo marcó que “se haya logrado un acuerdo pacífico sin tiroteos hay que agradecerlo a Dios”.  “Debe recordarse que es el Congo Belga, y fue una colonia europea y se reconoce la labor de los misioneros que a lo largo del país han dejado su huella indeleble, por lo cual la confesión oficial en el Congo es el Catolicismo”. La religión oficial que tenemos es el catolicimo, pero también se convive con la religión animista, que es propia de la zona. “Muchos de los que son católicos siguen creyendo en los fetiches, en las brujerías, los envenenamientos. Hay una montaña de historias que pasan”.
En ese sentido afirmó que “estamos tratando de trabajar contra todo ese tipo de cosas, pero la gente no sale muy fácil de ello. Termina la misa y se van al hechicero  para verlo por algún traspié que tuvieron
En ese país “estoy muy bien, trabajo con los jóvenes y hice varios periodos como responsable de las casas que tiene la orden en ese lugar”. Cuenta que son 18 los lugares que tienen en distintos puntos de El Congo, donde dan ayuda a los que lo necesitan”. Agrega que cuando “vuelva voy a cumplir funciones de secretaria en la provincia- el distrito donde está-, a mis 80 años el Señor me hace los regalos para seguir cumpliendo funciones. “La última casa que abrimos se llama la Misión de Tolo, en plena selva. Para llegar a esa casa hay que tomar una avioneta y luego hacer al menos tres horas de canoa hasta la casa”, cuenta. También cuenta que tienen 10 hospitales que funcionan “con una gran precariedad”, dice la religiosa mientras se toma la cabeza. Nosotros todos los días nos batimos contra la miseria, la pobreza”. Es por esto que casi no tienen recuperos de los medicamentos que recetan, pues la mayoría de la gente se va sin pagar. “Es como si se sienten que la Iglesia tiene la obligación de darles todo”.
Al hablar de la misión social afirma que “hay mucho niño en la calle, hay que tener en cuenta que el 70 por ciento de la población del Congo es joven, no mayor a los 20 años, por lo que hay muchísimo niño y de todos ellos una mínima parte tiene acceso a la escuela, el resto no”. Respecto a lo que se tiene que pagar para ir a la escuela, no hay ninguna ley que lo establezca ni control. En el Congo, la educación no la paga el gobierno, “todos los años lo anuncia  pero nunca lo cumple. Lo único que reciben los docentes es unos pocos dólares por estar inscriptos en los registros de la enseñanza”.
A esto se le tiene que sumar que el sueldo promedio de fuerzas de seguridad, empleados de gobierno, entre otros es muy bajo. “Un integrante del ejercito sin rango gana 40 dólares por mes, que representan unos 50 mil francos belga, que no alcanzan para nada”.
Cuando habla de la misión de la Iglesia en esos sitios afirma que “tendría que ser netamente espiritual pero gracias a Dios, ella puede mezclarse en muchos estratos de la vida social del Congo. La gente le pone mucha más confianza a la Iglesia que en el Estado”.  Por esto es que “cuando hay problemas serios es la Iglesia la que ayuda a resolverlos”. Agrega que “cuando no tenemos como resolverlos molestamos a los amigos para que nos den una mano”.

Como ayudar
“Hace un tiempo había un grupo que nos ayudaba y apadrinaba a un chico para que pueda terminar la escuela en el Congo. Ellos nos enviaban fondos y nosotros los manejábamos para que el chico pueda terminar. Pero esto se vio cortado en el país por el cepo al dólar, por lo que la mayoría de los chicos que recibían ese apoyo no pudieron terminar la escuela”, explica la hermana Lucía. Ahora que la cosa se mejoró “Yo voy a estar hasta el lunes en el Colegio María Auxiliadora”, de esa forma se puede establecer el contacto y dar una mano a quien lo requiera.
Orgullosa la hermana Lucía cuenta que “en su momento me llegaron a apadrinar hasta 50 niños”. Tiene que aclararse que otro tipo de donaciones, no sirve al efecto pues sería casi imposible que llegara a destino, por las miles de trabas que tienen que pasar.
Por otro lado explicó que “estamos trabajando mucho con organismos del exterior que nos ayudan”.

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Victor Garcia

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