San Juan 'Escribir para chicos o adultos es lo mismo
Domingo, 18 de Noviembre de 2018
    Sancia Kawamichi

"Escribir para chicos o adultos es lo mismo"

Además de dramaturgo es autor de literatura infantil y de narrativa para adultos. Según él, no hay diferencias en su actitud como creador. "Si tuviera que escribir para ser leído en escuelas no podría hacerlo. Lo más importante es la honestidad en lo que se hace".

 

 

En mayo estrenó en el circuito off la obra teatral "El desamor", con dirección de Tomás Bucella. En uno de los primeros diálogos un hombre y una mujer tratan de ponerse de acuerdo sobre el momento exacto en que dejaron de quererse y cuentan los años, meses y días. Intentan salvar la relación con diversas iniciativas, pese a que no tienen casi esperanzas. En paralelo, y de la forma más brutal, se revela su condición de secuestradores. Así la melancolía de un amor arrasado contrasta con la tortura explícita. "El desamor" continúa con sus funciones hasta fines de este mes los sábados a las 21 en Espacio TBK (Trelles 2033).

El escritor de "El desamor" (ganadora del Concurso de Dramaturgia TBK) es el argentino Martín Sancia Kawamichi (1973), quien cobró notoriedad en los últimos años, en especial a partir de la publicación en 2017 de la novela "Shunga" (Evaristo Editorial). En la última Feria del Libro presentó por la misma editorial la antología de cuentos "Este pálido mundo mío". Además, con la novela "Hotaru"ganó el concurso de novela negra BAN! - Extremo Negro 2014. Sin embargo, una de sus facetas más llamativas es que se trata de un prolífico escritor del género infantil. Con "Los poseídos de Luna Picante" sacó el segundo lugar del premio Sigmar en 2014 y lo ganó en 2017 con "Todas las sombras son mías". Dialogamos con él.

Periodista: En "El desamor", como en gran parte de su obra, está presente la crueldad como una forma perversa de amor. ¿Cómo entiende esa violencia?

Martín Sancia Kawamichi:
 Creo que en "El desamor" la crueldad está relacionada con la pérdida del amor. Personajes que caen en una especie de melancolía violenta, arrasadora, destructiva o autodestructiva, y que de ese modo naufragan en un mar de sangre. Sentirse perdidos, no amados, es, para varios de mis personajes, violencia pura.

P.: Empezó a escribir obras de teatro antes de narrativa de ficción, ¿cómo fue esa etapa? ¿Cuántas obras surgieron?

M.S.K.: 
Empecé escribiendo guiones de cine antes que narrativa. Luego pasé a escribir cuentos, novelas, sin aspiración alguna de publicarlos, y por el 2000 encaré la dramaturgia con fruición. Disfruté mucho de escribir teatro, leí mucho y hasta hice dos años de actuación. Pero solo fue una etapa y luego volví a la narrativa, sobre todo a la infantil, que es lo que más me gusta. En cuanto al teatro, escribí cuatro piezas: "Dormir contigo", "El desamor", "Párpados de agua" y "La calesita y la fiebre". 

P.: El año pasado presentó "Shunga" y ahí la crueldad explota a través de un gore pornográfico. Sin embargo, la historia tiene una gran sensibilidad. ¿Cómo fue esa aproximación argentina a escribir al estilo japonés?

M.S.K.:
 Fue placentera y roñosa. La primera versión la escribí muy rápido y sin pensar. Me acuerdo de que me pedí dos semanas de vacaciones en el trabajo que tenía en esa época porque no podía parar de escribir. Tan es así que, cuando terminé, me di cuenta d que en esos quince días ni siquiera me había bañado. En cuanto a lo japonés, no hubo investigación alguna. Sólo me guié por la intuición, confiando en que las pocas gotas de sangre japonesa que tengo perdidas por mis venas me ayudarían.

P.: Ya en "Hotaru" incluyó geishas en una novela sobre montoneros. A veces en sus obras, sin salir del realismo, se torna todo fantástico. ¿El género lo llama?

M.S.K.:
 Me atrae mucho. Todo lo que escribo para chicos, de hecho, es de género fantástico. Sobre todo, me interesa el terror. Creo que, cuando escribo realismo, me sale una especie de "realismo distraído" que termina acercando la obra a lo fantástico.

P.: En su nuevo libro, "Este pálido mundo mío", se volcó al cuento y se acercó un poco más al realismo. ¿Qué hubo detrás de esa transición?

M.S.K.: 
Estos cuentos son anteriores a "Hotaru" y a "Shunga" e, incluso, anteriores a todas las obras infantiles. Son cuentos que escribí hace mucho. Algunos tienen más de veinte años. La idea de publicarlos fue, tal cual sucedió con "Shunga", de Damián Vives, el editor de Evaristo Editorial.

P.: En paralelo a sus obras para adultos escribe literatura infantil-juvenil. ¿Cómo es pasar de unas tramas de violencia cruda a un género que se lee en las aulas y debe despertar el interés de los jóvenes?

M.S.K.:
 Escribir para chicos y para adultos no me trae inconveniente alguno. No tengo que desdoblarme o apelar a algo que no soy. Suelo escribir para adultos y para chicos al mismo tiempo. Por ejemplo, "Shunga" y "Todas las sombras son mías", que es una novela para chicos, fueron escritas casi al mismo tiempo. Y "Todas las sombras" me parece tan cruel y tan cruda como "Shunga". De hecho, la obra más terrible que escribí, que se llama "Anchoa" y fue publicada en Bolivia, es infantil. Nada de lo que escribí para adultos es tan fuerte como esa novela. Lo importante, tanto cuando uno escribe para chicos o para adultos, es ser honesto. Si me planteo escribir algo para que se pueda leer en los colegios, seguramente me va a salir una basura. No me importa que lo que escribo para chicos se lea en los colegios. Solo me importa que sea genuino.

DT Diario EL Zonda

redacciona@diarioelzonda.com.ar

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