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24 Noviembre 2017
Viernes, 24 de Noviembre de 2017 | San Juan | Argentina

 

HISTORIA

Enseña música en las plazas para arrebatarle chicos a los narcos

Guillermo Paez en si es toda una historia. Cuando el hombre cuenta su vida reconoce que fue delincuente, que anduvo el mal camino. Hoy es policía y toca música en la banda de la Policía de la provincia. Y como extra toma puntos estratégicos y a través de la música aleja a los chicos de las drogas y el consumo de alcohol”.

Lunes, 16 Octubre 2017 20:07

Guillermo Paez, tiene una misión en la vida y es quitarle chicos a los narcos a través de la música, la palabra y el ejemplo. El hombre las vivió todas, vivió en carne propia el ser un adicto, el delinquir, el caer preso. Pero también tuvo una oportunidad que lo alejó de ese mundo, logró ingresar en la policía, trabaja en la banda de música, estudio licenciatura en Trabajo Social y desde su lugar, con un instrumento en mano, busca sitios vulnerables, donde hay chicos proclives al consumo, se ubica en las plazas y hace un pacto. “Yo te enseño música, te enseño a tocar un instrumento, si vos te comprometes a reflexionar sobre algún tema en particular al principio o al final de la clase. Las charlas pasan por el amor, el perdón, la posibilidad de incluirse y de ser un buen hombre o mujer.
Guillermo desde siempre fue músico y la historia se remonta 31 años atrás, cuando la banda de música del RIM 22 tiene el accidente en el Tambolar y mueren varios de sus músicos. Nuestro personaje era parte de la banda, pero estaba de licencia, “Allí murieron como 14 de mis compañeros. Fue cuando comencé a consumir, entre en una depresión profunda que me llevó al fondo”, recuerda el hombre. “Yo fui un adicto y me dijeron que nunca iba a cambiar y que si quería estudiar algo no lo iba a poder hacer porque tenía las neuronas quemadas por el consumo”. “Hoy soy Policía y licenciado en Trabajo Social y tengo varios cursos de perfeccionamiento, en niñez”.
De acuerdo a lo que cuenta Guillermo, pasó del porro, a las pastillas y cuanta droga se pueda consumir. En este contexto, cayó en el delito y con ello estuvo fuera de la ley. Formaba parte de una bandita de delincuentes “muchos fueron conocidos, porque cayeron al penal e incluso murieron en la actividad, en enfrentamientos con la Policía”. Agrega que buscaba una salida y una mujer evangélica le dio una mano. “Doña Olga Parada es una mujer que amo”, sostuvo. Es por esto que “yo trato de devolver la mano que me dieron”.
Después de haber tenido problemas con las drogas y el alcohol, vino el proceso de recuperación. Con el tiempo llegó la forma de superarse. “Conversando con Gladys Días, del Hogar Francisco, me dijo que en el Quinto Cuartel había mucho problema de alcohol y me pidió que si quería dictar algunos talleres. El tema es que los que tomaban eran niños”.
Cuando llegaron a la plaza del Quinto, comenzaron a tocar la trompeta, junto a otro compañero de la Banda de Policía. “Los chicos cayeron a ver de qué se trataba. Los pibes nos decían que lindo el poder tocar eso y los más grandes nos decían que si sabíamos canciones de fútbol. Nosotros dijimos que sí y le tocamos la canción de la 12”.
Fue cuando atraídos por la música les pidieron que les enseñen a tocar. “Pero hicimos un trato, nosotros les enseñábamos a tocar, pero si ellos nos escuchaban 20 minutos antes o después de cada taller de música. En esas charlas les hablábamos de la importancia del perdón, es la importancia de perdonar y perdonarnos a nosotros. Hay pibes que vienen embrocados. El tema es que deben entender, que no tienen el mismo destino que los padres. Somos iguales en muchas cosas, el pelo, la cara, los ojos son iguales, pero no tenes el mismo destino que tu papá y tu mamá. Nosotros les decíamos que podían cambiar la realidad y ser distintos a ellos.” Es por esto que la labor era mostrarles que “había otro camino y otra forma de ver la vida”.
En el Quinto Cuartel estuvieron dos años, y lo que empezó como clases de trombón, se convirtieron en la constitución de una murga. En la actividad comenzaron cuatro y terminaron con más de 40 personas en la murga. “Pero manteníamos la consigna de hacer el taller de murga, pero también aprender de la vida”, remarca.
En ese contexto revalorizaban los aspectos positivos y “nos poníamos objetivos positivos, los chicos de 7 años decían que no quiero decir más malas palabras, bueno ese será tu objetivo les decíamos”. Y en la medida que los chicos eran más grandes, los objetivos eran mayores y la meta era que los cumplieran. “Los más grandes decían este viernes voy a tratar de no tomar alcohol o pelear”.
Lo cierto es que la creación de la murga “Los incomparables del Quinto Cuartel”, se constituyó en una excusa. “Entre sus logros está que nos invitaron a participar del carnaval de Rawson y donde salimos terceros”.
Luego de esto, con el apoyo de la fundación que conduce Gladys Díaz, armaban charlas y talleres los viernes y sábados. “Los teníamos ahí hasta las dos de la mañana, el objetivo que teníamos era que no consumieran o tomaran”, y con ello, algunos de los chicos dejaron de hacerlo, buscando ser distintos y pelearla de otra forma. Lo cierto es que en la medida que el grupo se fortaleció comenzaron a hacer otro tipo de actividades. “Yo dejé el grupo y comenzaron a hacer actividades solidarias con vecinos, comenzaron a ir a la escuela, y tomaron el discurso de estar bien. Sabían que la droga iba a estar presente en todos lados, pero lo importante era tener un proyecto de vida”. Cuando analiza su labor social sostiene que “la murga, el enseñar un instrumento, es el punto de encuentro”. Cuando se relacionan con la música “los chicos canalizan su esfuerzo, el pibe no es violento. El no nació delincuente, es algo que lo aprendió de sus mayores”.
Guillermo cuenta que “yo en cada lugar que fui siempre lo hice con la verdad y con lo que soy. Soy policía y si vas con la verdad ellos te respetan”.
Guillermo afirma que a este tipo de personas siempre hay que irles con la verdad “ellos saben cuándo les estas mintiendo”.
Dentro de sus últimas actividades contó que “estamos yendo a un barrio de Sarmiento y allí llevamos a todos esos chicos que tuvieron problemas con las drogas. Ellos están colaborando e inclusive trabajando”.
Pero como siempre “ellos saben que nosotros llevamos la enseñanza de la murga, pero también hay experiencia y compromiso con la vida, tal cual se hizo en el Quinto Cuartel”.
El hombre reconoce que este gobierno hizo una inversión muy grande en materia de lucha contra adicciones. Pero “los recursos no alcanzan, cada día hay más problemas en la calle. Ha avanzado tanto”. Agrega pero “un chico, dos que ayudes, los sacas de una situación de violentados, no solo de sus pares sino de la familia”.
Para finalizar, sostiene que “hoy tengo 54 años y un proyecto de vida. Me levanto a tomar mates con mi familia y sé que tengo que motivarme para luchar para recuperar a los chicos y decirles que si se puede cambiar”.

Victor Garcia

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